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Una mujer demanda a un médico que declaró muerto a su marido cuando aún vivía

Michael Cleveland y Tammy ClevelandFacebook

El doctor Gregory Perry, del DeGraff Memorial Hospital en Buffalo, en Nueva York, ha sido demandado por la mujer de un paciente al que declaró muerto pese a seguir teniendo pulso durante al menos 100 minutos más.

Michael Cleveland, de 46 años, tuvo un ataque al corazón en una tienda hace un año y fue trasladado al hospital en situación crítica. Durante el traslado al hospital en ambulancia, Michael movía sus brazos y sus piernas y trató de coger la mano de un paramédico.
Al llegar al hospital, el médico William Morris dijo que el hombre había sobrevivido al ataque al corazón, pero que estaba muriendo de una perforación en el pulmón producida durante la reanimación. Sin embargo, el médico que le atendió después, Greg Perry, le declaró muerto a pesar que aún respiraba, informa Dailymail.co.uk.
La mujer de Michael, Tammy, explicó que ella creyó inicialmente al médico, pero empezó a ver cada vez más signos de que su marido aún estaba vivo. “El médico me dijo que podía parecer que estaba respirando, pero que no lo hacía. Le dije que me estaba respondiendo, estaba tratando de abrazarme”, declaró a KSDK.
Un forense llegó a entrar dos veces en la habitación para realizar un examen postmorten pero le dijo al médico que le volviera a llamar cuando el hombre muriera, ha explicado la señora Cleveland.
Según la denuncia, sólo en su cuarta visita a la habitación, pasados 100 minutos, el doctor Perry accedió a volver a examinar los signos vitales de Michael, antes de exclamar: “¡Dios mío, tiene pulso!”. Michael murió ese mismo día.
Según la señora Cleveland, el doctor Morris le dijo que su marido podría haber sobrevivido si su pulmón dañado hubiera sido tratado antes.
La familia Cleveland ha demandado a médicos y hospital alegando que sus acciones “transcienden los límites de la decencia humana y constituyen una conducta escandalosa e indignante”. La señora Cleveland quiere una disculpa del doctor Perry y asegurarse de que algo parecido no volverá a ocurrirle a nadie más.