Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

La mayoría consume a diario el doble de la cantidad de sal recomendada por la OMS

Reducir el consumo de sal podría evitar 2,5 millones de muertes al añoGtres

La sal es un potenciador del sabor que no falta en nuestra mesa, pero a menudo abusamos de ella sin pararnos a pensar en las consecuencias negativas que un consumo excesivo de sodio, componente principal de la sal, puede tener para nuestra salud.

Según un estudio publicado por la Organización Mundial de la Salud en junio de 2016, la mayoría de las personas consumen entre 9 y 12 gramos de sal al día, el doble de la cantidad máxima recomendada (5 gramos diarios). 
La creciente producción de alimentos elaborados y los cambios en nuestro modo de vida están modificando nuestros hábitos alimentarios. No dedicamos tanto tiempo a cocinar ni cuidamos lo que comemos. A menudo, optamos por los platos precocinados, que abusan de la sal y las grasas saturadas, potenciando el sabor de sus ingredientes y prescindiendo de productos frescos como las frutas, las verduras o las fibras, fundamentales para conseguir una alimentación equilibrada y un buen funcionamiento de nuestro organismo. 
Los nuevos estilos de vida están dejando de lado los buenos hábitos alimenticios, produciendo consecuencias perjudiciales para nuestro organismo que, a largo plazo, pueden suponer un grave problema de salud. El consumo abusivo de sal afecta directamente a ciertos órganos de nuestro cuerpo provocando trastornos como estos: 
PROBLEMAS RENALES
Los riñones, por norma general, suelen acumular sodio, pero un abuso del consumo de sal produce un exceso de sodio en el organismo. Esto desencadena que los riñones acumulen una cantidad de sodio aún mayor, lo que puede provocar el mal funcionamiento de los mismos a largo plazo.
Estos problemas suelen derivar en un deterioro del sistema depurativo del organismo, que comienza con una retención de líquidos y termina desencadenando consecuencias mucho más graves para nuestra salud.
PROBLEMAS CARDIACOS
Cuando el organismo retiene líquidos, se produce una mayor acumulación de toxinas que pasa factura a otros sistemas. Para empezar, la presión arterial aumenta ya que la sangre tiende a bombearse más fuerte y a aumentar su volumen, surgiendo los problemas de hipertensión, que pueden derivar en enfermedades cardiacas y accidentes cerebrovasculares.
Por lo tanto, aunque los riñones y el corazón son los órganos más afectados por el excesivo consumo de sal, todo el organismo se ve perjudicado.
HUESOS DEBILITADOS
Una dieta alta en sal aumenta las pérdidas urinarias de calcio. Cuando desechas demasiado calcio, nuestra absorción intestinal de calcio aumenta, y nuestros cuerpos lo compensan tomando calcio de nuestros huesos, debilitándolos.
La solución: reducir la cantidad de sal que consumimos
Conscientes del peligro que supone, los Estados Miembros de la OMS han acordado reducir en un 30% el consumo de sal de la población mundial de aquí a 2025. Si se cumple este acuerdo, se estima que cada año se podrían evitar 2,5 millones muertes si el consumo de sal a nivel mundial se redujera hasta alcanzar el nivel recomendado.
Un consumo de sal inferior a 5 gramos diarios (cantidad recomendada por la OMS) tiene múltiples beneficios, ya que disminuye la tensión arterial y resta el riesgo de sufrir enfermedades vasculares.
Para hacernos una idea, esta cantidad correspondería a lo que cabe en una cuchara de té, una dosis que solemos superar fácilmente en nuestro menú diario.
Aunque, en un principio, puede parecer muy complicado, hay algunos gestos que nos pueden ayudar a reducir el consumo de sal en nuestra rutina habitual:
- No poner el salero en la mesa durante las comidas reduce la tentación de añadir más sal a nuestro plato.
- No agregar sal durante la preparación de los alimentos y sustituirla paulatinamente por especias y condimentos que potencien el sabor de nuestros platos.
- Educar a los niños y crear un entorno propicio para que adopten tempranamente una dieta hiposódica.
- Acostumbrar a nuestro paladar a prescindir de la sal, lo que conseguirá que terminemos aumentando nuestro sentido gustativo y saboreando más los alimentos que consumimos.