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Cuando el futuro depende de tu tamaño

Ocho de la mañana. Una calle de una urbanización de las afueras de Madrid. Allí está Alín, 12 años, rumano. Como todos los días busca en la basura con su abuela. Hoy nos hemos topado con él y hemos querido conocer su historia. Su madre murió de cáncer en Rumanía y aquí no le queda otra que buscar dinero para la familia, no va al colegio, lo único que ha aprendido a leer son los grandes titulares de las revistas que recoge, esas que se pagan a ocho céntimos el kilo. Alín, como otros menores rumanos en su situación, es explotado por su familia, a algunos los obligan a robar, otros estafan, y la gran mayoría se dedica a pedir en los semáforos. Nosotros hoy lo hemos conocido dentro de un contenedor, rodeado de basura, con los pies colgando y empujado por su abuela hacia el vacío y la oscuridad del contenedor de papel para reciclar. Lo hemos seguido un buen rato, sus jornadas son largas y muy duras, él no sabe español, y  cuando le preguntamos sólo asiente a lo que se abuela nos cuenta. Según ella, sólo va a estar aquí una semana, por eso no va a la escuela, esperamos que sea cierto, nos lo queremos creer, por el bien de Alín. Su trabajo es peligroso, la ranura por la que se cuela es pequeña y hay gente que incluso ha perdido la vida haciéndolo. Ante estas situaciones los menores tienen una salida, cualquier ciudadano puede denunciar la situación y es la policía local de las ciudades las que se encargan a través de sus agentes tutores de buscar un colegio y un posterior seguimiento de su escolarización. Así que ya saben, denuncien si ven a algún menor en la misma situación. POR SANDRA MIR