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Aprender a leer a los 80

Que nada es imposible y que nunca es tarde. Es lo que se enseña en esta clase de A Coruña. Aquí los alumnos tienen arrugas en las manos. Pero la ilusión de los que empiezan. Abuelos y abuelos, algunos octogenarios, que ahora están aprendiendo a leer y a escribir. Ninguno de ellos pudo hacerlo de niño. Y ahora venciendo a la verguenza han dado un paso adelante. Hoy acaba el curso. Pero todos recuerdan el día que Remedios puso por primera vez su nombre en la pizarra. El orgullo y la emoción se desbordaron en la clase. Lo que decíamos al principio; nunca es tarde.