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Los adolescentes que duermen más el fin de semana rinden menos en clase

LevantarseGtres

Los adolescentes que duermen poco entre semana y aprovechan los fines de semana para alargar su sueño hasta dos o tres horas tienen un peor rendimiento académico y cognitivo que aquellos que descansan de forma regular, según un estudio de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

La investigación, publicada en 'Chronobiology International', ha revelado que las chicas son las más afectadas por la diferencia de horarios de sueño. Esta irregularidad se asoció con peores notas y un menor rendimiento en las habilidades cognitivas verbales, espaciales, de razonamiento y numéricas.
En el caso de las chicas, la diferencia de sueño se relacionó con un peor rendimiento en todas las pruebas de habilidades cognitivas y peores notas académicas, excepto en la fluidez verbal. Los chicos también presentaban peor rendimiento académico, pero solo un menor rendimiento en el razonamiento inductivo y en aptitud numérica.
El profesor de Psicología Diferencial de la UCM y coautor del estudio, Juan F. Díaz-Morales, ha afirmado que los adolescentes que duermen más durante los fines de semana experimentan "un mayor 'jet lag' social", es decir, un desajuste entre el reloj biológico y el reloj social que se mide calculando el punto central de sueño de la semana respecto al fin de semana.
Díaz-Morales ha explicado que es comparable al 'jet lag' del viajero, ya que "la tendencia a la vespertinidad, marcada por el reloj biológico, entra en conflicto con el adelanto de la hora de entrar al instituto, fijada por el reloj social".
Además, los adolescentes van perdiendo horas de sueño conforme cumplen años, según el estudio. Con 12 años, el horario de sueño llegaba a las ocho horas y media, mientras que con 16 apenas llegaban a dormir ocho horas.
Se trata del primer estudio que relaciona la irregularidad del sueño durante la semana y el fin de semana con el rendimiento en un contexto natural y diferenciando entre sexos. Para llevarlo a cabo, se analizaron los patrones de sueño, las habilidades cognitivas y las puntuaciones académicas de cerca de 800 jóvenes entre 12 y 16 años.