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El Papa pide acabar con el estigma social de la lepra y trabajar para la reinserción de los enfermos

El Papa Francisco ha recordado este domingo la conmemoración del 'Día Mundial de los enfermos de lepra' una enfermedad que, según ha dicho, "está en retroceso pero todavía genera una gran discriminación y morbo" hacia quienes la sufren.
Tras el rezo del Ángelus, el Pontífice ha mostrado su apoyo y ha asegurado su oración a quienes luchan por erradicar esta dolencia, pero ha pedido además que trabajen por la reinserción de quienes han sido "golpeados por el mal de Hansen", nombre con el que también es conocida la enfermedad.
Asimismo, ha señalado que todavía quedan poblaciones en el centro de Italia que están sufriendo las consecuencias del terremoto y del temporal que la semana pasada asoló la región y ha hecho un llamamiento enérgico para que "no les falte el constante apoyo de las instituciones y la solidaridad común".
"Que no se les haga esperar por cualquier tipo de burocracia que permita que, mientras tanto, acaben "padeciendo sufrimiento", ha exclamado Francisco.
Durante la explicación del Evangelio de este domingo, el Papa ha pedido este domingo a los cristianos "humildad" y "pobreza de espíritu" como dos de las virtudes "esenciales para la convivencia en las comunidades cristianas". "Si fuéramos más pobres de espíritu en nuestras comunidades, habría menos divisiones, contrastes y polémicas", ha asegurado durante el comentario al Evangelio de la liturgia dominical.
Francisco ha explicado que la pobreza de espíritu se refiere tanto a la relación con Dios como en la relación con el mundo. Sobre lo segundo, ha especificado que la pobreza de espíritu se relaciona con la "sobriedad" y que esta no es necesariamente "renuncia" sino la capacidad para "degustar lo esencial, compartirlo y renovar todos los días el asombro por la bondad de las cosas sin quedarse en la opacidad del consumo voraz".
En su segunda vertiente, ha afirmado que la pobreza de espíritu consiste en "el reconocimiento de que el mundo es un don y que en su origen está el amor creador del padre" y en la "apertura a él y la docilidad a su señoría". "Él es el grande, no yo", ha subrayado.
Según ha defendido, la vivencia de la pobreza de espíritu, a la que el evangelio de este domingo "promete" el "Reino de los cielos" debe llevar al cristiano a "no basar su confianza en sí mismo, en sus riquezas, no obstinarse en sus opiniones sino a escuchar con respecto y prestarse voluntariamente a las decisiones de los demás".