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El Papa ensalza a María como una "maestra de vida espirirtual" y no como una "señora inalcanzable e inimitable"

El Papa Francisco ha ensalzado la figura de la Virgen María, como una "maestra de vida espiritual", y no "una Señora 'inalcanzable' y, por tanto, inimitable", en la alocución dirigida a los fieles que llenaban la explanada del santuario de Fátima esta noche.
Francisco ha presidido la bendición de las velas en la Capilla de las Apariciones.
El Papa se ha dirigido a los cientos de miles de fieles resaltando la importancia de la Virgen María en la vida cristiana. "Si queremos ser cristianos, tenemos que ser marianos, es decir, hay que reconocer la relación esencial, vital y providencial que une a la Virgen con Jesús", ha dicho el Papa tomando las palabras de Pablo VI.
El Papa, que ha mostrado un rostro notablemente jovial y alegre a su llegada a la "Capelinha", ha contrapuesto dos modos de entender a Virgen: "Peregrinos con María... ¿Qué María?", se ha preguntado: "¿Una maestra de vida espiritual, la primera que siguió a Cristo por el *camino estrecho* de la cruz dándonos ejemplo, o más bien una Señora *inalcanzable* y por tanto inimitable? ¿La *Bienaventurada porque ha creído* siempre y en todo momento en la palabra divina, o más bien una *santita*, a la que se acude para conseguir gracias baratas?", se ha preguntado.
El Pontífice ha planteado también si creer en "la Virgen María del Evangelio, venerada por la Iglesia orante, o más bien una María retratada por sensibilidades subjetivas, como deteniendo el brazo justiciero de Dios listo para castigar; una María mejor que Cristo, considerado como juez implacable; más misericordiosa que el Cordero que se ha inmolado por los hombres".
"Cometemos una gran injusticia contra Dios y su gracia cuando afirmamos en primer lugar que los pecados son castigados por su juicio, sin anteponer _como enseña el Evangelio_ que son perdonados por su misericordia. Hay que anteponer la misericordia al juicio y, en cualquier caso, el juicio de Dios siempre se realiza a la luz de su misericordia", ha dicho para precisar que la misericordia de Dios no niega la justicia, porque Jesús cargó sobre sí las consecuencias del pecado de los hombres.
En este sentido, ha señalado que por la fe que une a los hombres la cruz de Cristo, quedan libres de sus pecados. "Dejemos de lado cualquier clase de miedo y temor, porque eso no es propio de quien se siente amado", ha instado.
Tras la alocución, el Papa ha presidido el rosario, en la explanada del santuario, iluminada en una estampa impactante por la luz de cientos de miles de velas de los asistentes.
Previamente a la ceremonia de la bendición de las velas, por la tarde, el Papa recibió a una familia de inmigrantes iraquíes a quienes saludó en un centro de refugiados de Roma y que ahora viven en la localidad de Batalha, cercana a Fátima.