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La Iglesuela, de luto por la muerte de Pajares

Frente a la casa en la que se crió Miguel Pajares las banderas lucen a media asta tras la muerte del sacerdote infectado con ébola. En La Iglesuela tenían esperanzas de que saliera adelante. Muy afectada, la familia no ha podido verlo desde su llegada a España para evitar contagios. Dicen que, a pesar de todo, es un final feliz porque el misionero no habría podido vivir con la pena de sus compañeros del Hospital de Monrovia. Miguel Pajares nunca perdió el vínculo con su pueblo. De hecho, solía ir al menos una vez al año. Para las fiestas oficiaba la misa por la patrona. En septiembre tenía planeado regresar para quedarse.