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Francisco, dos años de papado con arrojo, reformas y denuncias

Francisco tomó las riendas de una Iglesia católica en crisis y totalmente desprestigiada por escándalos como los abusos sexuales a menores por parte del clero o el denominado Vatileaks... Es el primer Papa latinoamericano, jesuita y con el español como lengua materna. El primero que ha renunciado a vivir en el  lujoso apartamento del Palacio Apostólico del Vaticano para quedarse en la modesta residencia de Santa Marta.

Un Papa cercano y directo que se para a saludar a la gente, que invita a los indigentes a su mesa y que poco después de convertirse en Pontífice, lavó los pies a dos musulmanes y a dos presas el Jueves Santo de 2013.

El Papa Francisco es un hombre de gestos y de acción. No le tembló la voz para denunciar en el Parlamento Europeo, en noviembre pasado, que el Mediterráneo se está convirtiendo en "un cementerio" de inmigrantes que tratan de llegar a Europa, mientras los países miran a otro lado.  Y ha conseguido que Cuba y Estados Unidos restablezcan  relaciones diplomáticas después de décadas de bloqueo.

El Pontífice se posiciona en contra de las políticas de austeridad europeas y así se lo hizo saber a la canciller alemana, Angela Merkel, cuando ésta le visito el diciembre pasado. "El trabajo de los jefes de Estado, le dijo, es proteger a sus pobres".

Francisco tampoco ha descuidado a los jóvenes y las nuevas tecnologías. Se ha convertido en el papa más mediático de la historia.

Todo ello sin olvidarse de poner orden en casa. Ha creado un consejo consultivo para gobernar la Iglesia y reformar la curia y una comisión para tutelar a los menores que han sufrido abusos. Y ha sido consciente desde el primer momento de la existencia de los lobos del Vaticano que acosaron hasta derribar al Papa emérito Benedicto XVI.