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Hasta un 15% de las mujeres sufren varices pélvicas, un problema infradiagnosticado que también afecta a los hombres

Las varices pélvicas afectan a entre el 10 y el 15 por ciento de la población femenina, y, aunque puede cursar sin síntomas, también pueden producir el síndrome de congestión pélvica (SCP) y ser causa de varices en los miembros inferiores, ha advertido el doctor Stefan Stefanov Kiuri, miembro del Servicio de Angiología y Cirugía Vascular del Hospital Quirónsalud San José, quien alerta que, además de ser una enfermedad mal diagnosticada, puede afectar a hombres.
No obstante, añade, "es más frecuente en mujeres que han tenido varios embarazos y es típico que empeoren con cada gestación. Otras posibles causas son las alteraciones hormonales, las compresiones mecánicas de las venas de la pelvis por otras estructuras, sin olvidar los factores hereditarios".
Se trata de un problema que provoca el desarrollo de venas dilatadas e incompetentes, localizadas en el hemiabdomen inferior y la pelvis. "Habitualmente se afectan las venas gonadales u ováricas y, con menor frecuencia, las venas hipogástricas, siendo todas ellas las vías de drenaje venoso de la pelvis. Cuando enferman, producen varices alrededor del útero, trompas de Falopio y ovarios; en casos avanzados, pueden englobar la vejiga y otros órganos pélvicos", explica.
Por su parte, síndrome de congestión pélvica se manifiesta como dolor crónico, localizado habitualmente en la parte inferior del abdomen y en la zona dorso-lumbar. Se trata de un dolor sordo, cíclico, que empeora con las menstruaciones y se hace más intenso con ciertas posiciones corporales y tras pasar mucho tiempo de pie. Se asocia también a irregularidad menstrual, a dispareunia (dolor durante las relaciones sexuales) y, en ocasiones, a molestias urinarias.
"Supone más de un 30% de las consultas por dolor abdominal o pélvico crónico y, sin embargo, con frecuencia, es infradiagnosticado. En los miembros inferiores puede producir edema (hinchazón), pesadez y sensación de piernas cansadas aunque no se vean varices en las piernas", destaca el doctor Stefanov, que pertenece al Servicio de Angiología y Cirugía Vascular que dirige el doctor Luis Riera del Moral.
Por otro lado, las varices de las extremidades asociadas a un origen pélvico suelen tener una distribución más atípica, y afectan más a la cara lateral de la pierna, ingle, pliegue del glúteo, periné y vulva. Además, señala, "responden peor a los tratamientos convencionales, con un menor alivio sintomático tras la intervención de las varices de las piernas o una recidiva precoz (varices que vuelven a salir de una forma temprana tras la cirugía), ya que no se trata el problema desde su origen".
Por otro lado, el experto recuerda que los hombres no están libres de las varices pélvicas. En su caso, pueden cursar con dilatación de la vena gonadal o espermática, típicamente izquierda, que se traduce en el varicocele masculino, que afecta normalmente al testículo izquierdo.
¿CUÁL ES EL MEJOR TRATAMIENTO?
Las opciones diagnósticas para esta patología pasan, en primer lugar, por una alta sospecha clínica al constatar dolor pélvico crónico y varices atípicas en las piernas o que no responden adecuadamente al tratamiento. Aunque se confirma con una ecografía Doppler de miembros inferiores, abdominal o vaginal. Ante la evidencia de su existencia se suele solicitar una angio-tomografia (AngioTC) o una angio-resonancia (AngioRM) en fase venosa.
"La flebografía de venas pélvicas o cateterismo venoso es la prueba más precisa, pero se reserva para casos dudosos o cuando el diagnóstico está establecido y se va a proceder a su tratamiento", continúa el experto.
En cuanto al tratamiento, lo habitual es aplicar técnicas mínimamente invasivas, a través de una punción venosa bajo anestesia local, que puede ser la vena femoral, la yugular o una del brazo derecho. "Una vez se ha accedido al sistema venoso, se hace un cateterismo que confirma las venas afectadas y se procede a su embolización, que consiste en la introducción de varias espirales metálicas (coils) en las venas enfermas, para conseguir su oclusión o sellado", explica.
Con dicha técnica, explica Stefanov Kiuri, "los resultados son muy buenos, con una mejoría de más del 90% de los pacientes, que habitualmente se recuperan de forma inmediata y son dados de alta el mismo día, con un tratamiento analgésico antiinflamatorio para paliar las molestias que aparecen en los primeros días después del procedimento".