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La niña siria que se rindió a una fotógrafa, símbolo de una guerra

Esta fotografía de Hudea, una niña refugiada siria de sólo cuatro años, se ha convertido en los últimos días en un potente símbolo del horror. La pequeña confundió el objetivo de la cámara con un arma y aterrorizada levantó las manos pidiendo clemencia. Su mirada resume el horror de cuatro años de guerra y nos recuerda además que su historia es sólo una más entre las vividas por los dos millones de niños sirios que huyendo de la guerra abandonaron su hogar y ahora viven en un campo de refugiados. Mohammed tiene siete años. Una bomba destrozó su casa en 2012 y dejó su piel así, marcada para siempre. Es su propio cuerpo lo que con persistencia le recuerda el horror vivido. Porque hay cicatrices como las de Yemen. Tiene 5 años, que no consienten el olvido. En noviembre de 2013, asustada por el sonido de las bombas, esta pequeña entró en la cocina de su casa y tropezó con una olla de agua hirviendo. Ahora vive en Líbano pero el terror ha viajado con ella. Cuenta su madre que la pequeña es todavía incapaz de hablar con nadie. Porque hay situaciones tan inhumanas que deberían estar vedadas para ellos quienes a pesar del horror intentan rescatar su infancia jugar con lo que tienen o encuentran como esta muñeca compartida en una habitación destrozada por las aguas residuales que con frecuencia inundan esta casa de refugiados en Jordania. La guerra en siria ha dejado ya 220.000 muertos y más de 4 millones de desplazados. A veces sin embargo sólo imágenes como estas nos hacen recordar que en el mundo millones de niños podrían confundir el objetivo de una cámara con el de un fusil.