Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

El legado de Obama

Barack Obama no es el mismo que hace 8 años. Ahora gasta canas y en el camino se le han escapado hasta lágrimas, símbolo de un empeño frustrado. El control de armas para evitar la lacra de las matanzas masivas. El primer presidente de Estados Unidos que visitó una cárcel tampoco cumplió su promesa de cerrar Guantánamo, y el primer presidente negro en la historia de su país ha afrontado varios estallidos sociales por la violencia policial contra negros.

Es cierto que en algunas materias no pudo hacer honor a su lema, pero ha logrado lo que ninguno de sus antecesores: la reforma sanitaria, que luego se quedaría a medias, y la igualdad de derechos para los homosexuales. En su currículum queda otro hito: el Nobel de la Paz, aunque no pudo detener la guerra en Siria ni sacudirse los embrollos de Afganistán e Irak, a donde ha tenido que volver a enviar tropas para combatir al DAESH. Porque el terrorismo yihadista sigue golpeando pesar de la caza de Ben Laden.

Obama ha gustado mucho más fuera, con casi todos los mandatarios internacionales rifándoselo. Incluido Raúl Castro. El deshielo con Cuba y con Irán y la adhesión al acuerdo del cambio climático, son parte también de su legado, que será desmatelado, así lo ha prometido Donald Trump, si éste llega a la Casa Blanca.