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El ejército egipcio pide que se eviten actos de venganza contra seguidores de Morsi

Mientras en la plaza Tahrir siguen las celebraciones por el golpe de estado llevado a cabo contra Mohamed Morsi, los seguidores del expresidente han organizado las primeras protestas. Los Hermanos Musulmanes han convocado el llamado 'Viernes de Rechazo'. Las Fuerzas Armadas han pedido a los manifestantes contrarios a Morsi que eviten cualquier acto de venganza contra sus simpatizantes porque con la tolerancia es la única manera de lograr la reconciliación nacional. El Ejército, además, ha negado que esté tomando "medidas excepcionales o arbitrarias contra cualquier facción política".

"La sabiduría, el verdadero nacionalismo y los valores humanos constructivos a los que se refieren todas las religiones requieren de nosotros que evitemos tomar cualquier medida excepcional o arbitraria contra cualquier facción política", ha dicho en un comunicado.
Las Fuerzas Armadas han reiterado que "los derechos a la protesta pacífica y a la libertad de expresión están garantizados para todo el mundos, porque es uno de los logros más importantes del pueblo egipcio durante la gloriosa revolución".
Sin embargo, han advertido de que "el excesivo uso de estos derechos podría tener implicaciones negativas, como el bloqueo de carreteras, el retraso de los beneficios públicos y la destrucción de instituciones, suponiendo una amenaza para la paz social y los intereses nacionales y dañando la seguridad y la economía".
El Ejército cumplió ayer el ultimátum de 48 horas que dio el pasado lunes al Gobierno de Mohamed Mursi para atender las demandas populares, suspendiendo la Constitución y deponiendo al entonces presidente, que ha sido sustituido por el jefe del Tribunal Constitucional, Adly Mansour.
Tras ello, las autoridades interinas han cerrado medios de comunicación islamistas y han detenido a sus trabajadores, al tiempo que han dictado órdenes de arresto contra 300 miembros de Hermanos Musulmanes, apresando ya a algunos altos cargos.
La 'hoja de ruta' acordada por las Fuerzas Armadas y la oposición implica crear un Gobierno de tecnócratas que se encargue de liderar la transición hasta que se enmiende la Carta Magna y puedan celebrarse elecciones presidenciales y legislativas.