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Reino Unido, más cerca de la puerta de salida de la Unión Europea

Nigel Faragecuatro.com

Reino Unido se va. Los británicos están muy cerca de que 23-J sea el día de la independencia de la UE. El referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea confirma la tendencia hacia la salida de la segunda economía del continente. Con más de un millón de votos de ventaja el Brexit lidera cómodamente los resultados, una evolución que se ha dejado notar ya en los mercados de divisas, donde la libra ha experimentado una abrupta depreciación, con niveles inéditos desde 1985, lo que sugiere la posibilidad de medidas de contingencia por parte del Banco de Inglaterra.

El referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea confirma la tendencia hacia la salida de la segunda economía del continente, ya que superado el ecuador del escrutinio, el Brexit lidera cómodamente los resultados, una evolución que se ha dejado notar ya en los mercados de divisas, donde la libra ha experimentado una abrupta depreciación, con niveles inéditos desde 1985, lo que sugiere la posibilidad de medidas de contingencia por parte del Banco de Inglaterra.
Con una participación del 71,3 por ciento, la mayor en una votación en Reino Unido desde 1992 y más de seis puntos por encima del plebiscito de 1975 que había confirmado la permanencia en la por entonces Comunidad Económica Europa, los electores han dado la espalda a las apelaciones de la práctica totalidad de la clase política británica, de los empresarios y de los analistas independientes.
La evolución ha sorprendido en una frenética noche electoral puesto que, de acuerdo con el sondeo anunciado al cierre de los colegios por la cadena Sky News, la permanencia habría logrado un 52 por ciento de los votos, frente al 48 que habría recabado la apuesta por romper con Bruselas.
CUESTIONABLES ENCUESTAS
Tras los fallos detectados hace un año en las generales, la realidad a pie de urna evidencia las diferencias entre la ciudadanía y la metodología demoscópica, puesto que la tendencia apuntada por la práctica totalidad de las encuestas publicadas a lo largo del día de ayer daban la victoria a la continuidad, con algunas, como la de la firma Populus, con hasta hasta diez puntos de ventaja al mantenimiento del vínculo con Bruselas.
Con sorpresas notables como el apoyo apabullante a la salida de Gales, donde se daba por hecha la apuesta por la permanencia, y áreas que sus defensores consideraban seguras, como Sheffield, o Wolverhampton, el bando a favor de la continuidad ha reconocido tener muy difícil remontar, frente a la euforia que ya ha comenzado a contagiarse en el campo rival, que ha declarado el "día de la independencia de Reino Unido".
CONSECUENCIAS FINANCIERAS Y POLÍTICAS
Su entusiasmo, no obstante, contrasta con la reacción de la divisa británica y anticipa una complicada apertura de los mercados. El veredicto se conocerá ya en el arranque y, a la vista de la evolución de las últimas semanas, es improbable que una potencial salida sea bienvenida.
La libra, de hecho, ha caído ya a niveles inéditos desde 1985, lo que podría acarrear una intervención de contingencia del Banco de Inglaterra para garantizar la estabilidad financiera
Este desenlace tendría además profundas connotaciones políticas e institucionales, puesto que cuestionaría la continuidad del primer ministro, David Cameron, el dirigente que había decidido traslada la voz a la ciudadanía y que se había jugado su credibilidad y liderazgo a la carta de una apuesta que, según él, haría a Reino Unido "más fuerte y más seguro".
APOYO A CAMERON
A su favor, Cameron tiene la carta que 84 diputados conservadores que habían hecho campaña a favor del Brexit le han remitido para apelar a su permanencia independientemente del resultado, un apoyo clave para un dirigente de una formación profundamente dividida como consecuencia que un plebiscito que ha reabierto viejas heridas.
Ante las dudas sobre su legitimidad para pilotar una salida que había considerado como una "locura", dos tercios del grupo parlamentario 'tory' han añadido su firma a una misiva que declara que, un año después de obtener la mayoría absoluta, Cameron tiene "un mandato y un deber de continuar", incluso en un escenario de Brexit.
Según su promotor, el diputado Robert Syms ha asegurado que los que no se han sumado es porque "no fue posible acercarse a todos, pero muchos han manifestado su apoyo", si bien entre los que sí pusieron su nombre está el exalcalde de Londres Boris Johnson, uno de los tipificados para suceder al primer ministro, quien había anunciado ya que no concurriría a un tercer mandato, previsto inicialmente para 2020.
A la espera de la declaración institucional esperada en Downing Street una vez el resultado sea definitivo, Cameron ha quedado ya como el principal perjudicado de una campaña que ha reavivado las luchas cainitas de su partido.
El desgaste de la campaña, las divisiones internas y la fallida credibilidad ante la misma ciudadanía que hace un año le había otorgado la hegemonía, su legitimidad para permanecer en el Número 10.
RETIRADA INMEDIATA
La oposición laborista ha sugerido ya la necesidad de su dimisión ante un escenario sin precedentes en el que la única certidumbre es que, de vencer la salida, la decisión sería "irreversible". No en vano, David Cameron había avanzado ya que el proceso formal de retirada de los Veintiocho comenzaría de inmediato.
Aunque el Tratado de Lisboa establece las pautas de este procedimiento en el artículo 50, el primer movimiento ha de partir del estado miembro, que debe notificar a la UE su deseo de abandonar.
De hecho, Londres no está obligado a proceder inminentemente, es más, los partidarios de romper con Bruselas han manifestado ya su preferencia por aguardar, puesto que, pese a meses de campaña, la fórmula que regiría sigue siendo una incógnita.
Los plazos, a priori, están marcados, si bien los dos años establecidos en la normativa comunitaria podrían ampliarse siempre que lo autoricen los otros veintisiete socios. Expertos en Derecho europeo creen que, dada la complejidad, las negociaciones podrían llevar hasta una década y los propios defensores del divorcio asumen que, como mínimo, serían necesarios cuatro años.