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Paolo Gentiloni, un primer ministro aristocrático y moderado

Paolo GentoliniReuters
El hasta ahora ministro de Asuntos Exteriores de Italia, Paolo Gentiloni, es el nuevo primer ministro encargado por el presidente de la República, Sergio Mattarella, de conformar un nuevo Gobierno y solventar la crisis política creada por la dimisión de Matteo Renzi tras la derrota del referéndum el pasado 4 de diciembre.
Con Gentiloni, de 62 años, Italia gana un líder político discreto y racional, que se ha distinguido por ser uno de los hombres más fieles a Renzi durante su mandato. Por esto los expertos consideran que será un Gobierno de continuidad al Ejecutivo anterior y que no se producirán grandes cambios en las carteras ministeriales.
Su perfil diplomático y conciliador ha hecho que los medios de comunicación italianos lo individuaran como uno de los candidatos que podrían ser encargados por el presidente de la República italiana, Sergio Mattarella, para gestionar el nuevo Gobierno en Italia.
Nació en Roma en 1954 en el seno de una familia aristocrática y se licenció en Ciencias Políticas en la Universidad de La Sapienza de Roma. Ejerció de periodista y fue ministro de Comunicaciones durante el Gobierno de Romano Prodi (2006-2008). En los años 80, Gentiloni se sumó a varias causas y en la década siguiente fue mano derecha del alcalde de centro-izquierda romano Francesco Rutelli, para el que sirvió como portavoz.
Fue designado titular del ministerio de Exteriores italiano, cuando su predecesora, Federica Mogherini, fue nombrada alta representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la Unión Europea (UE). Gentiloni se ha destacado en la agenda exterior por sus relaciones excelentes con el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, y con el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov. Además, ha defendido en distintas ocasiones una participación de la comunidad internacional en la ayuda a la estabilización de la paz en países como Libia o Siria.
Si bien es considerado uno de los principales dirigentes del Partido Democrático (PD), Gentiloni no goza de demasiada popularidad entre los italianos. En 2013, trató de llegar a la alcaldía de Roma en 2013, pero acabó resultando tercero, con tan sólo un 11 por ciento de apoyos.
Gentiloni hereda la jefatura del Gobierno con el consenso de su antiguo jefe, pero con un país que está al borde de la crisis bancaria. Uno de los retos más importantes que deberá afrontar en los próximos días es el rescate del Monte dei Paschi di Siena (MPS), el banco más antiguo del mundo, que está necesita con urgencia una intervención estatal que recapitalice el banco por valor de 5.000 millones de euros.
La reconstrucción de las zonas afectadas por el terremoto en el centro de Italia y la ayuda a los damnificados será uno de los retos que deberá abordar en la política nacional. En cuanto a la agenda exterior, Gentiloni deberá renegociar con Bruselas el límite del déficit aprobado en los Presupuestos Generales para 2017. Asimismo, Italia asumirá la presidencia del G-7 en el primer semestre del 2017 y en marzo serán conmemorados los Tratados de Roma que dieron lugar a la Unión Europea.