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La ONU advierte de una situación humanitaria "difícil" en Afganistán en 2017

El conflicto se ha agravado y en el último año han vuelto a Afganistán 630.000 refugiados que estaban en Pakistán
La intensificación del conflicto, la situación de pobreza y subdesarrollo y una persistente malnutrición hacen augurar un "año difícil" para Afganistán en 2017, según el jefe de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA) en el país centroasiático, Dominic Parker.
"Hay un mayor número de personas necesitadas de ayuda que en años anteriores", ha subrayado Parker, en una entrevista concedida a Europa Press. Esto se debe, ha explicado, a que en 2016 se registró una cifra "récord" de refugiados afganos que regresaron a su país desde Pakistán, unos 620.000, junto al retorno de algunos que residían en Irán.
Además, durante el último año, unos 630.000 afganos se han visto obligados a abandonar sus hogares, "la cifra más alta de desplazados internos de los últimos años", con unos 1.500 desplazados más al día, por lo que en total, ha resaltado el responsable de la OCHA, hay "algo más de 1,2 millones de personas en movimiento que necesitan algún tipo de ayuda". El 56 por ciento de los desplazados son niños.
Por otra parte, el conflicto se ha intensificado y "el número de provincias en las que los talibán se enfrentan con el Gobierno es mayor", lo que ha provocado que en 2016 hubiera el mayor número de víctimas civiles hasta la fecha, con 11.000 muertos y heridos. Según las estimaciones de la ONU, 4,5 millones de personas viven en zonas afectadas por la violencia.
DE CONFLICTO DE BAJA INTENSIDAD A "PAÍS EN GUERRA"
En total, según las estimaciones de Inteligencia, unos 30.000 afganos, incluidos insurgentes y miembros de las fuerzas de seguridad, murieron, "esto es, unas 100 personas al día", por lo que, ha subrayado Parker, "la situación en Afganistán ha cambiado de un conflicto de baja intensidad a un país en guerra".
La inseguridad es uno de los mayores problemas a los que se enfrentan las agencias humanitarias para hacer su trabajo aunque, afortunadamente, en 2016 el número de ataques contra cooperantes "fue inferior". En total hubo 200 incidentes y 15 trabajadores humanitarios perdieron la vida, lo cual "no significa que la situación sea menos peligrosa" sino que también es posible que se hayan tomado más precauciones y no se haya ido a zonas más peligrosas.
En este sentido, ha denunciado el que tanto las fuerzas gubernamentales como los talibán "hayan tomado clínicas y escuelas" durante el conflicto y ha recordado que el Derecho Internacional Humanitario debe ser respetado.
Así las cosas, el responsable de la OCHA ha pedido a "las partes, las fuerzas afganas, los talibán y Estado Islámico (presente en algunas zonas del país en los últimos tiempos) que respeten a los cooperantes, porque no son parte del conflicto, y permitan que los trabajadores humanitarios hagan su trabajo".
UN PAÍS POCO DESARROLLADO
A esto hay que sumar, ha añadido Parker, que "Afganistán sigue siendo uno de los países menos desarrollados del mundo y tiene un alto riesgo de desastres naturales al año". Según los datos de la OCHA, la media de afectados por los desastres naturales --inundaciones, sequías, terremotos y avalanchas-- es de 270.000 al año.
Así pues, "incluso si tuviéramos paz y estabilidad todavía tendríamos que enfrentarnos a un país difícil", en el que la orografía también dificulta el acceso a la población en algunas zonas remotas.
En medio de este panorama, según el responsable de OCHA, uno de los principales retos a los que se enfrenta el país es el acceso a atención sanitaria. Actualmente, ha indicado, "el 40 por ciento de la población no puede acceder con facilidad a atención médica inmediata".
En este sentido, dado que una mejora de la atención sanitaria podría salvar las vidas de muchas personas, el objetivo debe ser aumentar este servicio "en las zonas no controladas por el Gobierno", aunque, ha reconocido, "eso es difícil".
En las zonas bajo control gubernamental, además de la necesidad de más infraestructuras y ambulancias, Parker ha defendido como clave el que el Gobierno modifique su política de sacar a concurso la construcción de instalaciones sanitarias, a las que suelen optar ONG.
En lugar de la "oferta más barata", se debería fijar un coste mínimo por debajo del cual no se acepten ofertas ya que sino, según Parker, no habría garantías de que las organizaciones realmente dieran el servicio prometido o cabría la posibilidad de que "cobraran a la gente por algo que debería ser gratuito".
MALNUTRICIÓN
Otro "gran problema" persistente en el país asiático es la malnutrición. Según las estimaciones actuales, ya que no se ha hecho un estudio en la materia desde el realizado por UNICEF en 2012, hay 1,8 millones de personas que necesitan atención por malnutrición aguda, de las que 1,3 millones son niños menores de 5 años.
En este sentido, el responsable de OCHA ha puesto el acento en que no se debe solo a "falta de comida" sino que en muchos casos la malnutrición viene motivada también por el desconocimiento de los padres sobre lo que deben comer los niños pequeños y, en algunos casos, cuando las madres no pueden amamantarlos, les dan agua o te, y también por la falta de agua potable que provoca en los niños diarrea lo que les impide ganar peso.
El hecho de que Afganistán "sea un país islámico muy conservador con una cultura tribal" tampoco ayuda, puesto que las mujeres no pueden ir solas al médico o desplazarse hasta una clínica, que en ocasiones está lejos, para que ellas o sus hijos puedan recibir la atención necesaria, ha explicado.
Así pues, ha sostenido Parker, tanto el Gobierno como las agencias humanitarias deberían tratar de hacer más para combatir la malnutrición, no solo con más ayuda alimentaria sino también con un mejor acceso a atención sanitaria y una mayor concienciación del problema.
El Gobierno de Ashraf Ghani también tiene ante sí el reto de llevar a cabo "soluciones de desarrollo sostenibles" para los cientos de miles de afganos que han regresado al país, ya que todos ellos coinciden en pedir "trabajo y tierras y que sus hijos puedan volver a la escuela e ir al médico cuando estén enfermos".
AYUDA A RETORNADOS
Actualmente, los retornados, más de un 40 por ciento de los cuales son mujeres y niños, están recibiendo ayuda en forma de alojamiento, alimentos y dinero en efectivo, entre otras cosas, de las agencias de la ONU y las ONG, pero la estimación es que este año puedan llegar desde Pakistán otros 500.000 afganos más, con la carga que ello supondría.
No obstante, ha reconocido que buena parte del peso de acoger a estos 1,2 millones de personas en movimiento lo asumen las comunidades locales, dada la tradicional "hospitalidad" de los afganos, y en muchos casos quienes llegan de los países vecinos han contactado previamente con sus familias o parientes lejanos y se alojan con ellos.
Para poder afrontar todos estos retos, según el responsable de OCHA, hacen falta fondos. Afortunadamente para Afganistán, los donantes se han mostrado "generosos" con el país y en 2016 aportaron 480 millones de dólares a la asistencia humanitaria, conscientes del "tamaño de las necesidades".
Para 2017, la ONU y las ONG han hecho un llamamiento de 550 millones de dólares con los que esperan poder asistir a 5,7 millones de personas ya que, "este año va a ser más difícil que los pasados" y hay más personas necesitadas de ayuda.
"Nos gustaría que hubiera una respuesta temprana y rápida de los donantes para que podamos hacer nuestro trabajo porque si el dinero llega en noviembre no seremos capaces de nada", ha reclamado Parker, que ha considerado que el Gobierno afgano "lo está haciendo lo mejor que puede en una situación complicada".