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300 inmigrantes atrapados en el golfo de Bengala

En las paradisíacas aguas del sur de Tailandia, son periodistas los que  encuentran un barco  lleno de  inmigrantes. Están hambrientos, sedientos y desesperados, cuenta el reportero. Llevan semanas a bordo,  en condiciones miserables. Los muertos son tirados por la borda para evitar el contagio a los vivos,  entre ellos, decenas de niños. Como ellos, centenares de miembros de la etnia rohingya viven hoy atrapados en el mar. Son musulmanes perseguidos en su país de origen, Birmania y  que deciden huir a Tailandia, Malasia o Indonesia. Pero nadie los quiere. Tailandia, de hecho, ya no permite su entrada porque -dice la junta militar- lo único que hacen es gastar los recursos de los  tailandeses. Así que las patrulleras les lanzan comida y agua, pero sobre todo les mantienen alejados de la costa. Mientras, los militares desmantelan una especie de campos de concentración en plena selva tailandesa donde los inmigrantes eran recluídos por las mafias. A finales de mayo los países de la región celebrarán una cumbre de emergencia para analizar problema pero, posiblemente para ellos sea ya demasiado tarde.