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La desesperación de los inmigrantes en Calais tiene rostro infantil

Las noches en Calais son largas para las personas que intentan conseguir su sueño de cambiar de vida. Familias enteras con sus hijos cruzan el vallado del Eurotúnel. La marea de la desesperación se desgrana en tantos grupos que resulta difícil controlarlos. Cautos, esperan su momento e intentan abandonar esa jungla en la que acampan desde hace días. Con la noche a su favor y también con las luces del día. Peluche en mano, este niño se cuela por debajo de una verja, que sostiene su madre de la mano recorren las vías que puede llevarles a Reino Unido. Escenas que se repiten cada hora. No hay descanso en un Calais que comienza hacerle competencia a Lampedusa. El primer ministro británico David Cameron, en su periplo por el sudeste asiático, tacha a estos miles de personas de "enjambre" y promete combatirlo con una Francia con la que trabaja mano a mano. La oposición británica se echa las manos a la cabeza y califica sus palabras de “horribles e irresponsables”. Polémica que levanta ampollas en una Europa que comienza a acostumbrarse a ver la desesperación en sus ojos.