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La clase media y alta grita contra Dilma en la playa de Copacabana

La clase media y alta de Río de Janeiro ha cambiado la playa por la manifestación contra las políticas de Dilma Rousseff, que ha reunido en torno a 20.000 manifestantes en la playa de Copacabana, menos de lo previsto por los organizadores, que tenían como principal reto reeditar el éxito de las protestas del 15 de marzo.

"No sirve de nada tener millones en tus cuentas bancarias si luego no hay seguridad en las calles para poder llevar tus relojes". La frase, pronunciada desde lo alto de un camión de sonido por uno de los que jaleaban a los presentes, daba una idea del perfil del manifestante: blanco, de edad avanzada y con un poder adquisitivo por encima de la media.
La corrupción, el escándalo de Petrobras, el mal estado de la economía y las injerencias del Partido de los Trabajadores (PT) en la Justicia eran los principales objetivos de las críticas de los manifestantes, que en su mayoría pedían el 'impeachment' de la presidenta, a la que consideran incapacitada para gobernar.
Las pancartas llevaban consignas de todo tipo; desde los felicitan y confían en el juez Sérgio Moro --que instruye el caso de corrupción en Petrobras-- para que "haga limpieza" en el país, hasta los que acusan al magistrado del Tribunal Supremo Dias Toffoli de estar alineado con el PT.
Entre todos los carteles, uno apuntaba directamente al 'quid' de la cuestión, pidiendo al Partido del Movimiento Democrático de Brasil (PMDB), que se posicione claramente: "¿Estarás con el pueblo o con los 'petralhas'? (manera despectiva de referirse a los seguidores del PT)". El PMDB es el principal partido de la base aliada de Rousseff, y podría quitarle definitivamente su apoyo si viera que la presión de la calle le hará perder capital político.
Ataviada con una bandera de Brasil, como la gran mayoría de manifestantes, Mariliana, apuntaba que no hay que fijarse tanto en el número de asistentes como en el "silencio" de los que están en casa pero apoyan las protestas. En su opinión Brasil ya ha tenido suficiente PT con los ocho años de Luiz Inácio 'Lula' da Silva, los cuatro de Rousseff y los otros cuatro que están por venir.
"El Gobierno ridiculiza a la clase media, que paga los impuestos que sustentan a este Estado parasitario", comentaba Isio en declaraciones a un corresponsal de Europa Press, evidenciando que la idea de que el Ejecutivo de Rousseff desprecia a las clases altas es bastante generalizado.
LA INTERVENCIÓN MILITAR
La protesta ha estado dominada por la personas de un nivel social acomodado, pero también ha habido algunos toques de color; como un grupo de estudiantes y profesionales de la educación física, que pedían que el Gobierno no elimine esta asignatura del currículo escolar, o los que pedían la intervención de los militares.
Como ya ocurrió en las manifestaciones del 15 de marzo, la presencia de personas defendiendo el regreso a la dictadura como solución a los problemas de Brasil despertó el recelo de los organizadores: colectivos como Vem Pra Rua, Revoltados On Line o Movimento Brasil Livre se han manifestado rotundamente en contra de un posible golpe militar.
Sin embargo, personas como Jorge Antunes, no tenía reparos en asegurar que lo ideal sería "un régimen transitorio que arreglara las cosas", porque en su opinión durante la dictadura militar de Brasil había corruptos, pero ahora la corrupción está institucionalizada: "Para corregir esas irregularidades no veo otra manera que no sea la mano de hierro", decía.