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Bielorrusia achaca la situación mundial a la postura de los "vencedores" tras la Guerra Fría

El viceministro de Exteriores de Bielorrusia, Valentin Rybakov, ha achacado la situación mundial actual al hecho de que "los llamados vencedores de la Guerra Fría no lograron integrar a los perdedores en su sistema".
"Al igual que tras la Primera Guerra Mundial, los vencedores hicieron todo lo posible por imponer su voluntad sobre sus oponentes en un intento de lograr cambios a nivel global, lo que afectó a todos (...) de manera unilateral", ha dicho.
Durante su discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas, Rybakov ha destacado que "este intento ha fracasado, como no podía ser de otra manera", agregando que "las consecuencias han sido horribles: países destruidos, múltiples conflictos, megaterrorismo y un nuevo 'gran movimiento de naciones' en la forma de migrantes".
"Como resultado, el mundo está en transición en términos políticos. No esta claro, sin embargo, hacia dónde se está yendo", ha apuntado, criticando la economía de mercado por las desigualdades que ha implicado y pidiendo una nueva vía.
"¿Qué nos ha dado el libre mercado? A la minoría, sus verdaderos defensores, les ha dado más riqueza. A los demás no nos ha dado más que sufrimiento y problemas", ha denunciado.
En este sentido, Rybakov ha sostenido que "entender las causas que han llevado a un mundo inestable y repleto de realidades contradictorias importantes", añadiendo que "de hecho, es el primer paso hacia la acción".
"Todos tenemos ideas sobre cómo cambiar el mundo, pero son diferentes. Tenemos que sacrificar algo si queremos cambios a mejor", ha manifestado, recalcando que el sistema mundial debe estar regido por los estados.
Así, ha argumentado que "los lugares donde no existe el Estado se caracterizan por la anarquía y la violencia", apuntando además que "el nuevo orden debe ser inclusivo, lo que significa que todo los países deben tener una voz real".
"Estoy profundamente convencido de que el nuevo orden no debe ser impuesto, sino que debe ser cultivado. Sólo puede ser considerado como justo si así lo consideran los legisladores y la gente común", ha recalcado.
Por ello, ha apuntado que "imponer las preferencias culturales a otros es inútil", apostando por "un diálogo no sólo para entender a los otros, sino como un fin en sí mismo".
"El diálogo debe ser un proceso permanente para encontrar puntos en común entre los distintos puntos de vista social y cultural, con el objetivo de lograr puntos positivos", ha remachado.