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Un informe destapa miles de abusos a menores en instituciones católicas de Irlanda

Iglesia en IrlandaReuters
Miles de menores fueron objeto de abusos sexuales y torturas físicas y psíquicas en instituciones estatales regentadas por religiosos de Irlanda durante casi 70 años. Estos datos se han hecho públicos en un informe elaborado por una comisión gubernamental. Informe en el cual se califica de 'endémica' esta situación en la que estos niños entregados al cuidado del Estado viviesen a diario el terror de castigos y abusos a los que les sometían.
El informe, de unas 2.500 páginas, es un catálogo de "abusos sexuales crónicos" y de maltratos físicos y emocionales infligidos "sobre miles de menores desfavorecidos, abandonados y olvidados" tanto por religiosos como por personal laico. En el texto también se incluyen duras críticas contra la jerarquía católica irlandesa, a la que acusa de pasividad ante los abusos cometidos por individuos reincidentes.
Entre las órdenes religiosas investigadas figuran las Hermanas de la Misericordia, a cargo del mayor número de instituciones para menores, los Hermanos Cristianos, principal gestor de instituciones para chicos de entre 10 y 16 años de edad y las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad y Refugio. Éstas administraban las infames "Lavanderías de la Magdalena", donde se recluía a jóvenes de supuesta vida disoluta bajo un régimen de esclavitud y continuas humillaciones.
Sometidos al silencio
El informe también ha denunciado que la principal preocupación de las órdenes era "la mala publicidad y los potenciales escándalos" que se generarían si se llegaba a conocer el verdadero alcance de los abusos. "El bienestar general de los niños no se tomaba en consideración", recalca el documento.
Por lo general, los maltratos no se denunciaban, pero en una ocasión en que el Ministerio de Educación fue alertado al respecto y sus responsables actuaron en connivencia con los religiosos para mantener la cultura del silencio imperante. Por lo general, las autoridades educativas irlandesas optaban por ignorar las acusaciones. Pero en el peor de los casos se culpaba al niño y se consideraba que estaba corrompido por la actividad sexual y era castigado con severidad.