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La defensa de Triana y Montserrat dice que fue la madre quien cometió el asesinato

Montserrat González declaraEFE

El letrado de la defensa de Montserrat González y Triana Martínez, José Ramón García, ha asegurado este lunes en su alegato en la Audiencia Provincial de León que González asesinó a Isabel Carrasco, pero que lo hizo por padecer un "trastorno delirante", una "manía persecutoria", pero que la implicación de su hija Triana "no se puede demostrar ni suponer", ni tampoco la de la agente de policía local Raquel Gago. "Hay que tener certeza para meter 23 años de prisión a alguien en la cárcel", ha aseverado.

El letrado ha solicitado este lunes en la Audiencia Provincial de León una pena de tres años, nueve meses y día para Montserrat González, autora confesa del crimen de Isabel Carrasco, por considerarla culpable de un delito de asesinato con la eximente incompleta de trastorno mental, más siete meses de prisión por un delito de tenencia ilícita de armas.
Además, ha pedido la libertad de Triana por ser culpable de un delito de encubrimiento, aunque considera que es impune al tratarse de su madre, de quien a asegurado que padece una "excesiva dependencia".
García ha insistido en que la única implicación de Triana es la de encubrir a su progenitora y ha reiterado que el crimen de Isabel Carrasco se produjo a las 17.17 horas, minutos después de lo que sostiene la Fiscalía y la autopsia del cadáver de la víctima, que fijan la data de la muerte a las 17.15 horas. Algo que también ha sido ratificado por varios testigos.
El letrado de la defensa de madre e hija ha insistido que la llamada de Montserrat a Triana se produjo antes del asesinato de la política leonesa y no después y, en la misma, sostiene que la autora confesa del crimen le dijo a su hija que estaba viendo "a la Carrasco" y que se iba a acabar todo.
Además, también ha asegurado que Montserrat no entregó el arma a su hija, sino que la arrojó en la calle Lucas de Tuy y que Triana la recogió de forma instintiva. Unos tiempos que "cambian todo", según García, y con los que "cuadra matemáticamente todo".
Acusa a Mielgo de mentir
El letrado de la defensa también ha acusado de mentir al policía jubilado Pedro Mielgo, testigo clave del juicio. En su declaración, Mielgo afirmó que no vio a Montserrat arrojar el bolso en la calle Lucas de Tuy y aseguró que en ese trayecto no perdió de vista a la asesina confesa.
"No puede venir al tribunal a mentir, no puede decir que no pierde de vista a esta persona cuando la ha perdido", ha aseverado García, que también ha recordado que Mielgo no se reconoció en la llamada que presuntamente hizo al 112 para alertar del crimen y en la que relataba que estaba siguiendo a la persona que había disparado a Carrasco.
José Ramón García también ha arremetido con los policías llegados de Burgos a prestar apoyo a la investigación iniciada en León con motivo del crimen y que escucharon la primera confesión de Montserrat González, a quienes acusa de contarles a madre e hija "una película" para sonsacarlas.
García ha insistido en las múltiples irregularidades en las que se produjo esa confesión y ha precisado que los agentes dejaron leer a Triana la declaración de su madre, para que mantuvieran la misma versión. También ha cuestionado que tras la detención, madre e hija estuvieses juntas en la misma estancia.
A este respecto, ha precisado que ha tenido "muchos problemas" y "muchas dificultades" para traer a muchos testigos a la vista, entre ellos un médico que trató a Triana, y varios testigos que "uno se fue Australia y otro a una operación que no era urgente".
En cuanto al acoso sexual por parte de Isabel Carrasco a Triana, el abogado defensor ha dicho que es cierto y que prueba de ello es que la acusada pudo dar la descripción de la casa de la política leonesa. "Que yo sepa en Villahierro (cárcel en la que se encuentran madre e hija) no hay Internet", ha insistido.
No obstante, ha asegurado que Triana no lo contó en un primer momento porque le daba "vergüenza" y porque lo que ella consideraba importante era el acoso laboral, personal y económico que la que fuera presidenta de la Diputación ejercía sobre ella y que le hizo entrar en una depresión por la que perdió más de 25 kilos de peso.