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Imputados 16 guardias civiles por la tragedia de El Tarajal (Ceuta)

Imputados 16 guardias civiles por la tragedia de El Tarajal (Ceuta)EFE

Un total de 16 guardias civiles tendrán que prestar declaración en calidad de imputados ante el Juzgado de Instrucción número 6 de Ceuta por lo sucedido el 6 de febrero de 2014 junto a la playa ceutí de El Tarajal, donde al menos 15 inmigrantes perdieron la vida intentando alcanzar a nado suelo español mientras agentes del Instituto Armado disparaban pelotas de goma y botes de humo para disuadirles. Catorce de los 16 guardias civiles lanzaron pelotas de goma al agua.

En la resolución, la jueza cita a declarar a un total de 16 agentes, que deberán comparecer de cuatro en cuatro entre el 3 y el 11 de marzo ante el juzgado, que retoma así la instrucción de la causa después de que la Audiencia Nacional rechazase hacerse cargo de la misma por considerar que el tribunal ceutí tenía competencias para hacerlo.
Prácticamente todos los guardias civiles citados a declarar como imputadosutilizaron pelotas de goma durante el operativo de contención y todos coinciden en que se hizo a una distancia prudencial de los migrantes.
Son 14 de los 16 citados, el capitán jefe de la Unidad de la Compañía Rural de Seguridad Ceuta y cuatro de los funcionarios adscritos a la misma, por un lado, y nueve guardias del Grupo de Reserva y Seguridad (GRS) número 2 de Sevilla. Los otros dos son el jefe (teniente) y el jefe táctico (sargento) de estos últimos, que niegan haber utilizado medios antidisturbios.
Ninguno de los agentes que desempeñaban otras tareas aquella mañana, como los que estaban en la patrullera frente a la costa o los que manejaban las cámaras de videovigilancia, han sido de momento llamados a declarar.
En todos los casos, los agentes reconocieron en la toma de declaraciones emprendida entre agosto y noviembre del año pasado por la Policía Judicial de la Comandancia de Ceuta, que utilizaron material antidisturbios (pelotas de goma y botes fumígenos) para "disuadir" a los subsaharianos que nadaban de intentar alcanzar aguas jurisdiccionales españolas o, cuando ya lo habían conseguido, para que se acercasen a la costa y no continuasen mar adentro.
Es el caso de los 13 guardias sin galones citados (cuatro adscritos a la Compañía Rural de Ceuta y nueve al GRS de Sevilla, todos ellos con cometido de 'apoyo' y equipados con bocacha para el lanzamiento de medios antidisturbios) reconocieron que usaron aquella munición, pero siempre al aire o al agua y "a distancia prudencial" de los migrantes.
Uno de ellos, trasladado después a Huelva, reconoció que "realizó disparos de fogueo hacia el mar dirigidos a un punto donde no se encontraba persona alguna con la intención de que los inmigrantes no accedieran al agua". Además, asumió lanzamientos de pelota de goma "siempre orientados a un punto del mar donde no había persona alguna" y "con la intención de crear una barrera de agua para que sirviera de canalización".
Posteriormente, pasó su bocacha "a un compañero" para "auxiliar a varios inmigrantes que se encontraban en una oquedad existente bajo el espigón" y que fueron trasladados a "un punto de retén". Subrayó que siempre hizo uso del material antidisturbios dirigido "hacia lugares distantes más de 7 metros, donde no se encontraba ninguna persona", y "siempre dentro del territorio español".
Otro agente, encuadrado en el operativo "con el sargento jefe táctico y otro compañero", realizó "varias salvas" y lanzó "alguna pelota hacia el agua" desde el espigón fronterizo para "dirigir a los inmigrantes hacia la orilla" pero "siempre pendiente de no darle a ninguna persona y a una distancia segura". Posteriormente, en la playa anexa, lanzó un bote fumígeno "a larga distancia" con ánimo de "encauzar a los inmigrantes para que se dirigieran a la orilla" y "siempre guardando una distancia prudencial".
Uno más lanzó dos botes de humo "en forma de parábola para que cayesen por la parte posterior de los nadadores" que ya se encontraban en mar abierto, "con el fin de cortar su progresión alejándose de la costa, puesto que se formaría tras ellos una pequeña cortina de humo". Al no conseguir ese "efecto disuasorio" no volvió a utilizar "ningún otro medio" antidisturbios, según declaró.
Otro funcionario citado como imputado vio al llegar al espigón "que algunos compañeros estaban lanzando medios (salvas de fogueo y pelotas)", comportamiento que secundó mientras indicaba a algunos nadadores "que se dirigieran hasta la playa en lugar de a las piedras para salir del agua toda vez que era mucho más fácil y menos arriesgado para su integridad".
"El lanzamiento de pelotas al agua era dirigido hacia una zona alejada de los inmigrantes" y los que él realizó los hizo "asegurándose en cada uno de que el impacto fuese sobre el agua en una zona sin nadadores, para facilitarles la salida del agua y en ningún caso provocar algún tipo de lesión en ellos".
En la misma línea, otro de los imputados dijo que "lanzó pelotas al agua en dirección a la parte trasera de los inmigrantes (que nadaban hacia la playa española) con la finalidad de que se dirigieran a costa y sin que en ningún momento impactaran en ellos".
Salvas y pelotas hacia la parte española
Solamente uno de ellos reconoció haber lanzado "tanto salvas de fogueo como pelotas de goma" hacia "la parte española" así como "hacia lo que sería la prolongación imaginaria del espigón" fronterizo, en cualquier caso "siempre por la parte posterior de la zona de nado de los inmigrantes" y la doble intención de "canalizarlos para que no se alejasen de la costa" y de "disuadir a los que se encontraban en aguas marroquíes de entrar en las nacionales".
Uno más recuerda haber oído al llegar al espigón "tirad, tirad", por lo que comenzó a hacer uso de sus pelotas de goma "al agua procurando que no impactaran en ninguna persona nadando".
Otro declaró que su sargento jefe le ordenó "que mediante el uso mayoritariamente de salvas de fogueo y después el lanzamiento de pelotas se canalizara a los inmigrantes para que desistiesen de su intento de entrada". Para "controlar el posible impacto de las pelotas" realizaba el tiro "apuntando hacia el agua donde no existía ninguna persona".
Para la actuación del 6 de febrero el GRS de Sevilla hizo uso de 9 bocachas con cargador. Cada componente portaba una mochila con 20 bolas, 6 botes de humo de ocultación y 2 cargadores con 20 cartuchos de fogueo cada uno. Cada patrulla llevaba un cetme con bocacha para lanzar medios antidisturbios, 20 pelotas, cuatro botes lacrimógenos y 40 cartuchos de proyección (fogueo). Según declaró el secretario de Estado de Seguridad en marzo, se dispararon "145 pelotas de goma, cartuchos de protección y cinco botes de ocultación".
Los mandos
En cuanto a los mandos llamados a declarar, el Capitán Jefe de la Unidad de la Compañía Rural de Seguridad de Ceuta fue, según él mismo relató, quien gestionó la entrega a Marruecos de los 23 migrantes que consiguieron llegar hasta la playa española mediante la puerta de servicio de la valla. También se dio cuenta de la existencia de cadáveres en el lado marroquí y disparó material antidisturbios.
Dijo que se dirigió hasta el espigón del Tarajal y allí mismo pidió "un fusil a un agente y varias pelotas" con los que efectuó varios disparos, en "un acto reflejo" para que el resto de los agentes "vieran que su jefe se implicaba como ellos en intentar evitar el paso de la frontera" y darles ejemplo, pues "una vez hizo los disparos devolvió el arma entendiendo que los guardias civiles que allí estaban habían entendido el modo de usarlas".
En cuanto al teniente, destacó que "todos los lanzamientos se hicieron conforme a la doctrina". "Si bien en la misma se recoge la distancia de 25 metros, esta distancia es referida a la distancia mínima a la que se debe lanzar cuando en tiro tenso se pretende alcanzar algún objetivo. En el caso que nos ocupa, la intención no era de alcanzar a ninguna persona, sino (...) canalizar a las personas que se encontraban nadando en el agua, siendo estos los únicos medios de canalización disponibles", declaró.
Respecto al sargento, a las órdenes del teniente de grupo, "transmitió la orden de tener certeza absoluta de que impactaran los medios a una distancia segura en evitación de que pudieran dañar a alguna persona, estableciendo una zona segura para evitar que los inmigrantes nadaran hacia las rocas del espigón o zona de profundidad y así facilitarles alcanzar la orilla con seguridad".