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El viacrucis judicial que terminó hundiendo a Ritá Barberá

El pasado lunes Rita Barberá comparecía ante el Tribunal Supremo para declarar por por blanqueo de capitales por su presunta implicación en la Operación Taula. Fue su trago judicial más serio. Declaraba a petición propia, adelantándose a un suplictaorio que ya no se cursará porque sin ella, aquí ya no hay causa. Se vio ante el juez, por el del pitufeo, por pagar mil euros al PP, en concepto de donativo y luego, presuntamente, recibirlos en dinero negro. En su declaración negó la devolución a la caja b del PP de Valencia. La extodopoderosa Barberá alegó que no sabía nada de cuentas, que lo suyo fue captar votos durante 24 años. Con esas se fue de su única comparecencia como investigada. Del caso Nóos se libró in extremis. El juez Castro pidió imputarla por contratos otorgados a Urdangarín, y el Tribunal Superior de Justicia le dijo que no. El caso Noos, y el caso Emarsa, de saqueo de las arcas públicas valencianas, le pasaron muy de cerca. Ritaleaks, el de los regalos y viajes pagados con dinero público, se archivó. Barberá salió indemne de todos ellos, igual que del caso Gürtel, que sí se llevó por delante la carrera política de su amigo y compañero Francisco Camps. Álvaro Pérez, el bigotes, decía en una grabación que las empresas Correa siempre hacían regalos a Rita, pero que ella, ni les daba nada, ni les perjudicaba.