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El abogado de Torres asegura que todo se hacía con la autorización de la Casa Real

Manuel González Peeters, abogado de Diego Torres y su mujer, Ana Tejeiro, famoso por su genio, se ha mostrado previsible en su alegato final. Para pedir la absolución, piel de cordero. Luego, ha sacado el "lobo judicial" que lleva dentro.  El primer zarpazo, para el  fiscal Horrach, al que ha acusado de convertir el juicio en una ceremonia "para entretener al vecindario". Más tarde, cada vez más feroz, ha llamado "ignorante supino" a algún testigo; ha dicho de los hermanos Luis y Marco Tejeiro que son una condena para sus clientes (hermana y cuñado de ellos): ha arremetido contra arrepentidos que, según él, han asumido crímenes que no han cometido por puro interés personal. Peeters insite en que la casa Real supo todo de los negocios de Torres y Urdangarin y se queja de la "vejación y el vilipendio" de sus clientes. Todo muy teatral, muy exaltado: genio y figura.