Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Pablo Iglesias: confesiones de un candidato a diez días de las elecciones generales

Duerme "como un bebé", nada le quita el sueño y asegura que no sufre pesadillas. Tiene su vida planificada a diez años vista: se ve presidente, expresidente y de nuevo profesor entregado a los estudiantes y a los platós. A dedicarse a lo que ahora apenas saca tiempo para hacer: leer, dar clases, hacer entrevistas y en esencia, dice, disfrutar de la vida. Sigue fielmente los consejos de su amigo Juan Carlos Monedero y confía a ciegas, asegura, en ese batallón de jóvenes surgidos de la crisis y el inconformismo que ahora componen Podemos y que le coordinan a él, más que él dirigirlos a ellos. Sus recetas para resistir la segunda campaña electoral en seis meses son aparentemente sencillas: dormir 6 o 7 horas (y si es posible algunos minutos de siesta), comer ligero a base de ensaladas y gazpachos y alimentar la mente, cuando no puede nutrir el cuerpo: reservándose algo de tiempo para leer y mantenerse intelectualmente activo. Recibe informes de lo que hacen los otros candidatos y elabora siempre personalmente sus discursos aún a riesgo de "pasarse de frenada". Y si eso ocurre, no le importa, lo considera un síntoma de "autenticidad". Y aunque bromea con que "es muy masculino" en el sentido de que "no puede hacer dos cosas a la vez", lo cierto es que durante media hora larga, conduce mientras contesta mis preguntas al tiempo que esquiva el imposible tráfico madrileño. Concentrado siempre en sus objetivos.