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Los dos detenidos se acusan mutuamente de la muerte del agente de la Guardia Urbana

Ante la jueza, Alberto acusó a Rosa y Rosa acusó a Alberto. Ambos ya en prisión, se culpan el uno al otro de la muerte de su compañero en la Guardia Urbana cuyo cadáver apareció calcinado en el maletero de un coche. Según ella, Alberto López, exnovio, posible amante y compañero de patrulla, se presentó en su casa, le obligó a subir al piso de arriba y mató a Pedro. Él defiende lo contrario: que ella cometió el crimen y que después le llamó pidiendo ayuda, que él sólo la encubrió. Distintas versiones, una misma estrategia: para evitar una condena de asesinato y asumir el encubrimiento, cuya pena máxima son tres años de cárcel.