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El Liceu refleja la "pérdida de control" de Don Giovanni con una proyección en movimiento

Mariusz Kwiecien y Carlos Álvarez protagonizan esta ópera explorando un nuevo final
El Gran Teatre del Liceu de Barcelona usará una proyección sobre la escenografía en movimiento en la ópera Don Giovanni de Mozart para reflejar la progresiva "pérdida de control" del protagonista, ha explicado la responsable de la reposición de la obra, Amy Lane, este miércoles en rueda de prensa.
El montaje, que se estrenó en 2014 en Londres y llega a Barcelona este viernes, usa por primera vez en Europa un sistema que proyecta imágenes sobre un decorado en movimiento y las adapta en tiempo real mediante 'tracking inteligente'.
La escenografía "mezcla tradición y modernidad" añadiendo al decorado físico de una casa victoriana y a un vestuario muy tradicional las proyecciones en las paredes de la casa, que a su turno también se mueve, ha descrito Lane, encargada de trasladar al Liceu las directrices del director de escena, Kasper Holten.
"Es una casa muy espectacular, con las paredes llenas de paneles. La obra empieza como una tela en blanco donde Giovanni va pintando mediante las proyecciones. Al principio, cuando todo le sonríe, son muy bonitas, pero a medida que va perdiendo el control todo se va oscureciendo", ha afirmado Lane.
Es un sistema "complejo y sencillo", cuya dificultad técnica recae en que el decorado va girando, lo cual requiere que la proyección se vaya adaptando al punto en el que se encuentre el decorado en cada momento.
EL NUEVO INFIERNO
Los barítonos Mariusz Kwiecien y Carlos Álvarez se repartirán el papel del protagonista hasta el domingo 2 de julio en el Liceu, coproductor de la obra, con la dirección musical de Josep Pons.
Kwiecien lo vive de una forma muy distinta a hace tres años: "Ahora puedo entender mucho mejor el final en relación a la salvación del cuerpo o del alma. Siento como si me hubieran crecido alas", ha afirmado.
Han explorado un final acorde a la actualidad, según Lane: "El infierno actual es despertarte en medio de la noche y darte cuenta que no tienes nada: ni amigos, ni amor, ni ningún punto donde agarrarte para tirar la vida adelante".
Lo mismo ha sentido Carlos Álvarez, que se ha incorporado ahora al montaje: "Desde esta producción he tenido respuesta a lo que le pasa a Don Giovanni. He visto que aunque desaparezca su cuerpo, es el espíritu el que sufre la transformación. Da igual que muera o no, lo que importa es la falta de moralidad".
Mientras que Kwiecien ha valorado el uso de la tecnología en el escenario como una forma de abrirse a nuevos públicos, Álvarez ha sido más escéptico: "Ya no basta con que sea la música y las interpretaciones lo que defienda la ópera, sino que hay que poner más añadidos. A veces se puede convertir en algo complementario y a veces en un problema".
Para el director musical, Josep Pons, se trata de una obra muy sintética y en la que "de un compás a otro puede cambiar de un carácter irascible a uno dulce con una pequeña sutileza".