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Isabel Gemio, cada día más volcada en la familia y en la fundación

Isabel Gemio inaugura su primer rastrillo solidario en Madrid, la presentadora ha embarcado a Las chicas de la tele en una nueva acción solidaria para ayudar a recaudar fondos para la investigación de las enfermedades raras.
Desde el dieciséis de mayo hasta el uno de junio, la tienda de Teria Yabar en la calle Claudio Coello 69 de Madrid pone a la venta los vestidos y complementos que presentadoras y periodistas del mundo de la televisión han donado para llevar esperanza a las familias que batallan a diario con las enfermedades minoritarias.
Donaciones de Ana Rosa Quintana, Cristina Tárrega, Anne Igartiburu, Ana Simón, Eva González, Cristina Pedroche, Inés Ballester, Mariló Montero, Susana Griso, María Teresa Campos y muchas otras más, que no han querido dejar de participar poniendo su granito de arena para la causa.
CHANCE: Primer rastrillos solidario...
Isabel Gemio: Sí, es una idea que me dio mi querida Rosa Villacastín, organizar un rastrillo con la ropa de las presentadoras de la tele. Han donado vestidos, zapatos, complementos, bolsos. Hay cosas mías de grandes marcas y de amigas como Ana Rosa Quintana, Mercedes Milá, Susana Griso, Maria Teresa Campos y muchas más que han querido ayudar
CH: Aquí se ve la solidaridad de las "chicas" de la tele...
I.G: Entre compañeras, claro que sí, no hay rivalidad ninguna. Les hubiera encantado estar aquí a todas pero lo hemos hecho con muy poco tiempo y no han podido.
CH: ¿Te sientes satisfecha de lo que has conseguido hasta ahora con la fundación?
I.G: Mi experiencia es muy positiva y de mucho agradecimiento a todos aquellos que nos ayudan pero no voy a negarlas dificultades, no puedo decir que sea fácil jamás, conseguir dinero es una de las cosas más difíciles del mundo. Hay muchos ricos que no tienen conciencia social y las investigaciones son a largo plazo y muy caras, miles y miles de euros. En ocho años que llevamos no hemos dejado de crecer, teniendo en cuenta que hemos atravesado una crisis, no me puedo quejar.
CH: Cada vez estás más implicada con la fundación, ¿te volcarías igual que ahora si tu hijo no sufriera esta enfermedad?
I.G: No sé de donde saco el tiempo, me gustaría dedicarle más. Antes colaboraba también con colectivos y asociaciones que me lo pedía pero ahora saco tiempo de donde no lo hay porque tengo que hacerlo, se lo quito a mis hijos y a mi trabajo incluso.
CH: A tus hijos poco porque eres una madraza...
I.G: Bueno, gracias, siempre tengo la sensación de que les quito tiempo pero nunca me lo han reprochado, nunca, jamás. Por lo tanto, tengo que hacerlo, lo hago, ellos lo comprenden, están muy orgullosos de la fundación y saben que hay que hacerlo.
CH: Ya son mayores...
I.G: Dieciocho y veinte tienen, yo también lo soy
CH: Dentro de poco suegra...
I.G: ¡A lo mejor ya lo soy! Soy una suegra estupenda pero dejémoslo, que no quieren que hable de eso.
CH: ¿Y a ti como te trata el amor?
I.G: Estoy feliz.
CH: ¿Cómo te planteas este verano?
I.G: Como siempre, mitad y mitad, repartido entre amigos e hijos. Tranquilidad, Ibiza y voy a hacer una semana de meditación, me voy a ir a un centro budista.
CH: ¿Eres budista?
I.G: El budismo es una filosofía, yo no soy creyente, desgraciadamente para mí. Si hay algo de lo que me siento más cercana es del budismo. Hago meditación desde hace muchísimo tiempo, tengo un profesor maravilloso. La meditación yo se la recomiendo a todo el mundo. Vivimos en una vorágine de estrés, competitividad y vida poco saludable, la meditación ayuda a rebajar el estrés y tener calma mental que es lo importante. Yo lo recomiendo, mejor que tomar pastillas.
CH: ¿Vas a viajar a Tailandia o algún otro sitio especial a hacerlo?
I.G: No, no hace falta irse tan lejos.
CH: ¿Tienes ganas volver a televisión?
I.G: Siempre hay proyectos pero es muy difícil y volver por volver a estas alturas y con estas edades una ya no se puede arriesgar. No tengo treinta ni cuarenta años, ya he hecho una carrera estupenda y yo ahora ya empiezo a priorizar la vida y la familia. La edad, el paso del tiempo y las circunstancias familiares, no voy a negar esa realidad, hacen que priorice de otra manera.
CH: Nunca te has dado por vencida...
I.G: Y que vas a hacer, es que no hay otra, no tiene mérito, lo hacen todas las madres que yo conozco. Cuando hay un enfermo en casa haces todo lo posible por darle lo mejor y que la vida sea lo más fácil posible dentro de las dificultades que tenemos. Hacerle feliz y dedicarle tiempo, que requiere más. Hay días para todas las emociones a lo largo del día, es una enfermedad degenerativa y se va complicando cada vez más, cada vez requiere de más atención, más cuidados, más cuidadores, más especialistas y más de todo, también más fortaleza emocional de los que le rodeamos y ese equilibrio, no voy a negar que no siempre es fácil.
CH: ¿En quién te apoyas?
I.G: En ellos y en él sobre todo, él es el que me da más fuerzas.
CH: Es un chico feliz...
I.G: Es increíble.
CH: Te emocionas al hablar de él...
I.G: Claro, lo hice público para poder hablar de ello también pero cuesta, es lo que es y no lo voy a negar, para qué. Si se es padre se comprende, no hace falta tener una sensibilidad especial.
CH: ¿Se te acercan muchas madres en tu misma situación?
I.G: Sí, de ahí también saco la fuerza, tenemos un grupo de madres y nos reunimos cada dos por tres, hay casos que han pasado por cosas tremendas. Una de ellas perdió a su hijo con diez años de una enfermedad parecida a la de mi hijo. Cuando ves la tremenda realidad de tantísimas personas, que no son pocas, procuras ver lo positivo. Tengo salud, trabajo, gente que me ayuda, mi hijo tiene amigos maravillosos que lo adoran y salen con él, no todo el mundo puede decir eso. Soy positiva a pesar de todo, no queda otra.