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Adiós a 'Gabo', el creador de mundos mágicos

"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía…" Quince años le estuvo rondando a García Márquez ese Macondo imaginario. Una pequeña aldea de 20 casas de barro que, en realidad, escondía su Aracataca natal. Su infancia con sus abuelos: el coronel Nicolás y la supersticiosa Tranquilina. Vivencias de los primeros años de su vida que plasmó en obras como ‘La Hojarasca’ o ‘El coronel no tiene quien le escriba’. "Siempre escribí, nunca pensé en otra cosa”, decía el maestro. Y pronto le llegó su gran éxito, ‘Cien años de soledad’, obra cumbre de la literatura. "Pensar que un millón de personas podían leer algo escrito en la soledad de mi cuarto, con 28 letras del alfabeto y dos dedos como todo arsenal parecía a todas luces una locura".  Pero esa locura le llevó hasta el Nobel de Literatura, con una ceremonia protocolaria que él rompió con ese traje de lino blanco típico del Caribe. Porque Gabo nunca tuvo miedo al qué dirán. De ahí su polémico alegato en contra de la ortografía: "Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna". O su estrecha amistad con Fidel Castro. Colombiano errante, vivió en Nueva York, París, Barcelona y  fijó su residencia en México. Periodista antes que escritor, su obra abarca más de medio centenar de relatos. Toda una vida narrando, plasmando ese realismo mágico en miles y miles de páginas. Toda una vida viviendo y dispuesto a contárnosla.