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El Grec Festival revisita el intercambio creativo de Ferran Adrià e Hiroyoshi Ishida

Adrià: "Es una reflexión de la relación entre la cultura japonesa y la Vieja Europa"
El Grec Festival de Barcelona revisita la relación creativa del cocinero Ferran Adrià con el cocinero japonés Hiroyoshi Ishida, con su restaurante Mibu, en la obra 'El tigre de Yuzu', que se podrá ver en el Mercat de les Flors desde este lunes y hasta el miércoles.
En rueda de prensa este lunes, el director de la obra, Roger Julià, ha explicado que la obra une budismo, arte, música, y plantea qué es el Mibu y qué es elBulli, y pregunta cuál es la fina línea entre cocina y arte: "Para mí, no la hay".
Con cinco actores occidentales y tres japoneses en la obra, el espectáculo pasa por aeropuertos, por el espacio metafórico de sus cabezas y por numerosos rincones, lo que se concreta con una puesta en escena minimalista, que incluye proyecciones documentales al fondo del escenario.
Con catalán, danés, inglés, japonés e italiano, la obra está subtitulada, y sobre la presencia de la cocina en el espectáculo, ha avisado: "Hemos evocado su cocina, no la hemos querido enseñar. No sale ni un plato ni una servilleta, sino que todo se explica a través de palabras y sabores".
Julià ha avisado de que la obra no va de cocina, "sino de la búsqueda de felicidad, la razón de ser", representa plantearse qué estoy haciendo en el mundo y si lo que quiero hacer lo hago como lo quiero hacer, y ha sintetizado que la cocina es el lugar, pero no es el fondo de la obra.
El productor y actor de la obra, Roger Zanuy, ha explicado que la obra es la historia real de ambos creadores que se remonta a 2002 cuando Ferran Adrià viajó a Japón a impartir unas conferencias y le llevaron a un restaurante de solo dos mesas para ocho comensales máximo: el Mibu.
Este local, de cocina muy sencilla pero con un relato basado en leyendas dejó a Adrià muy impresionado, de modo que invitó a Ishida a elBulli: "Él y su mujer salieron por primera vez de Japón y quedaron absolutamente alucinados".
Al regresar a Japón, los clientes del Mibu detectaron un cambio en su cocina, "un rejuvenecimiento", con el que Ishida respondió a Adrià trasladando durante una semana su restaurante a elBulli, cazuelas y decoración incluidas.
La obra versa sobre el "destello de creatividad y superación personal" de ambos, pero también del diálogo entre dos creativos, dos culturas, dos iconos y también entre pasado, presente y futuro, y entre Japón y Mediterráneo, ha explicado Zanuy.
UN "ICONO" GASTRONÓMICO
El cocinero Ferran Adrià ha dicho que esta obra de teatro hace 15 años no se podría haber realizado porque la gente no sabía ni donde estaba Japón, y el contexto era muy difícil de explicar: "Esta obra es un icono brutal en el mundo de la gastronomía".
"Es la primera vez que de una manera importante la cultura gastronómica occidental dialoga con Japón. No había pasado nunca. En Barcelona, la cocina japonesa era sushi y sashimi", ha añadido Adrià, que considera que ni siquiera Francia había tenido la necesidad de revisitar Japón, algo que sí hizo Estados Unidos.
Ha destacado que a partir de 2002 se inició este diálogo, en el que es muy difícil comprender qué es Japón: "Hemos hecho la obra que nos ha dado la gana. Si me dedico más o menos a crear lo que me gusta es tener libertad", ha dicho Adrià.
Ha dicho que el concepto de creación es muy distinto en Japón, ya que ellos dan lecturas muy poéticas a todo, lo que representa un choque con el pragmatismo mediterráneo, en el que cuesta que penetre el alma de Japón.
Adrià ha asegurado sobre el espectáculo que "es más que una obra de teatro, es una reflexión de la relación entre la cultura japonesa y la Vieja Europa", y ha dicho que la restauración japonesa es sin lugar a dudas la mejor del mundo, ya que están muchos años por delante de lo que es Europa a nivel gastronómico.
El chef Hiroyoshi Ishida ha explicado que cuando conoció a Adrà fue un momento inolvidable, y cuando vio su mirada sintió algo, "una cosa nostálgica", y a través de su cocina pudo conocer su país y cultura, además de su personalidad amable y generosa.
Con una carrera de más de 50 años, el chef japonés ha asegurado que se quedó "sorprendido" cuando vio a Adrià, ya que apreció en él un sueño y una fantasía, dándole mucha influencia y marcándole un antes y un después.
"Cuando me ofreció la posibilidad de cocinar en elBulli tuve muchas dudas y me sentí muy perdido, pero cogí esta oportunidad y ahora me siento muy contento de haber ido a Roses", ha añadido el chef.
Ha explicado que la cocina japonesa tradicional tiene muchas reglas y limitaciones, y él, de manera consciente o inconsciente, se sentía limitado, lo que no le permitía evolucionar en su cocina gastronómica: "El encuentro con Adrià me permitió salir de este marco de limitaciones".
La cuarentena de clientes del restaurante tradicional también se han desplazado a Barcelona con sus trajes tradicionales: "No sé si el espectáculo estará más en la platea que en el escenario", ha bromeado el director del festival, Francesc Casadesús, que ha destacado la unión entre dos mundos.