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Diego Trelles novela el "olor del miedo" que une la dictadura peruana y el París de los atentados

"Para escribir hay que matar", reflexiona en 'La procesión infinita'
El escritor Diego Trelles Paz une en la novela con toques detectivescos 'La procesión infinita' (Anagrama) dos momentos posteriores a situaciones de violencia: el periodo posterior a la dictadura de Perú y el París de después de los atentados, ambos con la presencia del "olor del miedo", ha afirmado este martes en rueda de prensa.
Trelles, que a los 20 años abandonó Perú y actualmente vive en París, retrata la capital francesa como se la ha encontrado: "El París de la violencia, de los refugiados, de los mendigos y de los soldados con metralleta por la calle. Es lo que viví en mi juventud: el olor del miedo, del que pensaba que en Europa me podría librar", ha relatado.
El libro, que fue finalista del Premio Herralde, también retrata el Perú 'postdictadura', después que Trelles haya abordado la dictadura en libros anteriores: "Llevamos 17 años de democracia, pero la dictadura no se fue, sigue presente en la sociedad", ha reflexionado.
Junto a la frase 'La dictadura nos persigue porque nos define' que pronuncia un personaje, su presencia es a través de las actitudes de los personajes: uno de los protagonistas encarna "el Perú intelectual, progresista, que quiere cambiar las cosas, mientras que el otro representa el Perú pragmático, cínico, adormecido".
El argumento de la novela es complicado de contar según la editora Silvia Sesé, que la describe como "distinta, desarrollada, pulida y ambiciosa, con una coralidad de voces y con saltos de marcos temporales y personajes, ensayando distintos registros que ponen en dificultad al lector".
Así, quien la lea tendrá que estar muy atento y "dejarse llevar por el lenguaje, por los hallazgos, la capacidad para encontrar los distintos tonos", dice Sesé, algo que Trelles hace con el uso de jerga muy propia de Perú.
Expresiones peruanas como 'no te perihuevees' dan un toque cómico al libro, según el autor, que en este libro ha mostrado una faceta más irónica y humorística que en los anteriores.
El libro también supone una reflexión sobre la creación literaria: "Para escribir hay que matar, dice la novela. Es como un combate, algo auténtico. Creo que no se puede escribir sin encontrar tu voz propia", ha dicho el autor.
En esta línea, el personaje de Chuiquita, una niña que "al principio parece inocente, como Sancho Panza", representa el descubrimiento de la literatura de una forma similar a como le pasó a Trelles.
"Yo de pequeño no era una rata de biblioteca, jugaba en la calle. Fue un libro de Hermann Hesse que me regaló mi padre lo que me despertó la curiosidad, y luego continuó con las lecturas del colegio", ha explicado el escritor, valorando la importancia de las vivencias que tuvo en las calles de su barrio.
ENIGMAS PARA RESOLVER
'La procesión infinita', con su escritura que se sale de la estructura habitual, está también llena de guiños a muchos autores y de 'enigmas' que el lector tiene que resolver.
Además, aunque niega que sea un autor de género, sigue explorando las formas de novela policial y detectivesca que presentó en forma de ensayo y que ya buscaba en sus novelas anteriores.
Su idea de novela policial está basada en la forma en la que la política anula la novela policial: "¿Tiene sentido una novela policial en México si alguien que tiene dinero puede evitar la justicia?", ha cuestionado.
La política tiene peso en el libro, pero lo hace de una forma descriptiva: "Jamás me interesó la literatura comprometida. No me gusta decirle al lector lo que tiene que pensar. Yo me limito a mostrar", ha afirmado.