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Una novela de Daniel Sánchez Pardos viaja a la Barcelona "oscura y victoriana" de 1854

El escritor Daniel Sánchez Pardos viaja a la Barcelona "oscura y victoriana" 1854 en la novela 'La dama del pozo' (Minotauro), una historia de intriga y misterio en la época en la que cayeron las murallas que rodeaban la ciudad.
En una entrevista de Europa Press, Sánchez ha explicado que entonces Barcelona registró una gran epidemia de cólera que mató a 6.000 personas, sobre una población de 200.000; asimismo, la ciudad vivió una gran huelga obrera; todo ello, una presión que acabó con las murallas, que escondían "la densidad de población más alta de toda Europa".
Se vivían condiciones de vida "horribles", con edificios altos, mucha contaminación de las fábricas, dando lugar a una Barcelona canalla en la que se enmarca la historia.
Para su trama, el autor sitúa la historia en los sótanos de un convento, dentro de un pozo, donde aparece un cadáver preso dentro de un sarcófago romano, iniciándose una investigación típica del siglo XIX, al estilo del célebre Dr.Watson.
Los protagonistas de esta investigación son dos inspectores, uno de ellos con la capacidad de ver imágenes que parecen proceder del pasado, lo que siembra dosis de "novela de terror gótica" con la presentación de hechos extraños de explicación sobrenatural.
"Está basado en una Barcelona llena de leyendas, muy tradicional y supersticiosa, con muchas leyendas relacionadas con pozos y fantasmas", ha explicado Sánchez, para el que se trata de un momento con muy poco tratamiento literario, y que demuestra una gran fractura entre la Barcelona antigua y la moderna.
La Barcelona antigua "tiene mucho que ver con el Londres victoriano, y se parece muy poco a la Barcelona soleada que conocemos", ha explicado, lo que en la atmósfera de su novela refleja los días previos a la caída de las murallas, en un ambiente claustrofóbico.
PSICOGEOGRAFÍA
Ha dicho que la historia se enmarca en la psicogeografía, una tradición literaria y cultural en boga en Inglaterra que mira a las ciudades como organismos autónomos que se desarrollan y adquieren vida propia al margen de sus habitantes, tomando como referencia lugares dnde ha habido crímenes, por ejemplo.
"Me gustaba la idea de trasladarlo a Barcelona", ha dicho el escritor, que considera que la ciudad está llena de este tipo de escenarios con vida propia, como la plaza Sant Jaume, centro de poder actual y también antiguo foro romano de la ciudad.
A su juicio, "la Barcelona real dejó de existir en 1854 y comparte solo el nombre con Barcelona", pero la romana hasta la caída de las murallas fue una Barcelona continua sin ninguna ruptura.
La caída de las murallas se produjo como reivindicación popular, por cuestión de espacio y una pujante revolución industrial que motivó que aumentó la presión demográfica con trabajadores venidos del campo y una progresiva vocación de modernidad de la urbe.