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Obama se la juega con la reforma sanitaria

El presidente estadounidense Barack Obama se enfrenta al reto más difícil de su mandato con su apuesta por universalizar los servicios de salud. Obama se enfrenta a las múltiples presiones de los 'lobbys' afectados y a los elevados costes económicos del cambio de sistema en plena crisis.
Sin embargo el líder del Ejecutivo estadounidense considera que la reforma no sólo es asumible pese a la crisis, sino que además afirma que la medida es "central" para que la economía del país pueda recuperarse de la difícil situación económica.
Obama ha ofrecido una rueda de prensa en horario de máxima audiencia para defender la necesidad de la reforma del sistema de salud público en EEUU, una de sus principales promesas de campaña y cuyo respaldo ha disminuido gradualmente entre el público y el Congreso, encargado de aprobarla.
Medio EEUU no tiene sanidad
Según ha explicado Obama, los cerca de 48 millones de estadounidenses que carecen de cobertura sanitaria "están esperando nuestro liderazgo, y no debemos defraudarles. Aprobaremos una reforma que rebaje los costes, aumente las opciones y aporte una cobertura fiable. Y lo haremos este año".
El presidente estadounidense se ha fijado como plazo agosto para contar con un proyecto de ley de reforma aceptable. En la actualidad, tres comités en el Congreso manejan sendos borradores, cada uno con propuestas distintas, y su armonización parece aún lejana.
Los costes de la medida
Uno de los principales argumentos empleados contra la medida es el coste, que algunos analistas han valorado en cerca de un billón de dólares y que los críticos de la reforma creen que puede repercutir muy negativamente en un déficit presupuestario que este mes ya ha superado a su vez el billón de dólares.
Obama quiso atajar esos miedos al asegurar que "la reforma del sistema sanitario no engordará nuestro déficit en los próximos diez años, y lo digo en serio". Según explicó, "dos tercios del coste de la reforma se pueden costear redistribuyendo dinero que simplemente se desperdicia en programas de salud federales".
"Si no reformamos el sistema, el coste para ustedes seguirá multiplicándose. Si no actuamos, 14.000 estadounidenses perderán su seguro médico cada día. Estas son las consecuencias de no actuar", ha sostenido.