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Miles de campanas despiden a las víctimas de Winnenden

Miles de personas han seguido el funeral en la iglesia de San Carlos Borromeo de Winnenden. Al comenzar el oficio, el obispo protestante Otfried July y el católico Gebhard Fürst, han leído los nombres de las 15 víctimas, mientras jóvenes escolares del colegio Albertville, vestidos uniformemente de negro y con el anagrama del colegio en el pecho, iban colocando por cada una de las víctimas una gran vela y una flor sobre el altar del templo.
Un templo al que solo han tenido acceso las autoridades, los familiares de las víctimas y los alumnos del colegio asaltado el pasado 11 de marzo, aunque se han colocado pantallas en otras iglesias, pabellones y el estadio de fútbol local, para que todo el mundo pudiera seguirlo.
El presidente federal Horst Köhler y la canciller alemana, Angela Merkel han expresado, al acabar el funeral, sus condolencias personalmente a los familiares de las víctimas. Köhler, ha reconocido públicamente que "ya nada es como era" al expresar la conmoción que la masacre ha causado en la pequeña ciudad de 27.000 habitantes y en toda Alemania.
Más protección
Los progenitores de las víctimas exigen que se dificulte el acceso de jóvenes y adolescentes a armas de fuego, se limite la proyección de películas violentas en televisión, se prohíban los juegos "asesinos" para videoconsolas y ordenadores, se mejore la protección del menor en Internet y se regule la información que ofrecen los medios sobre casos como el de esta masacre.
Los hechos
El día del crimen múltiple, Tim Kretschmer asaltó a primera hora de la mañana varias aulas de su antiguo colegio de Winnenden, donde mató con tiros precisos en la cabeza a nueve alumnos y tres profesoras, para seguidamente iniciar una huida suicida en la que cayó abatido un jardinero en el parque de un cercano centro psiquiátrico.
Tras secuestrar un coche y después de recorrer unos 40 kilómetros, el joven asaltó un concesionario de automóviles en Weidlingen, donde mató a un vendedor y su cliente.
Acorralado ya por la policía, dos de cuyos agentes resultaron gravemente heridos por sus disparos, y tras recibir un balazo en una pierna, el joven se suicidó de un tiro en la cabeza.
Su cuerpo fue incinerado dos días después de la masacre y sus restos serán enterrados próximamente en secreto por su familia en una tumba anónima.