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Agentes de la Guardia Urbana de Barcelona denuncian la pasividad ante los 'manteros'

A las 12 horas del mediodía, los 'manteros' levantan su particular negocio en el vestíbulo de una estación del metro de Barcelona. La policía entra y ellos se desplazan al interior de la estación y de ahí a la calle, donde siguen vendiendo su mercancía. La Guardia Urbana no les multa ni les requisa el material. Un juego al gato y al ratón constante. Los más perjudicados, los comerciantes. Dicen algunos agentes que incluso tienen órdenes de ausentarse de sus puestos durante los llamados "mercadillos rebeldes" que los manteros montan una vez al mes en plena rambla.