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El secuestrador utilizaba un cachorro como señuelo para acercarse a las niñas

Gina, la joven que consiguió escapar del sótano en el que había permanecido encerrada durante más de diez años se derrumba al recordar cómo fue secuestrada. Mientras jugaba en un parque de columpios con otra de las víctimas, un hombre se acercó a las dos con un cachorro y después de dejarlas acariciarlo le dijo que podían darle galletas que tenía en su furgoneta.