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Toda la información del reportaje de Jon Sistiaga 'Los Legionarios de Alá'
Los salafistas, los tabliguis, los Hermanos Musulmanes... algunas de las más conocidas corrientes y sectas integristas islámicas están entrando con fuerza en España desde hace algunos años. Piadosas y honestas para unos, violentas e intolerantes para otros, el caso es que movimientos como el salafista, desconocido para el mundo occidental hasta que Ben Laden y Al Qaeda empezaron a asesinar en su nombre, llegan a reunir cada año a 4.000 personas en Cataluña en convenciones bendecidas por las autoridades... "La gente cuando escucha salafista enseguida piensa en terrorista, pero hay un salafismo bueno, que sólo pretende seguir los pasos del profeta Mahoma. Si Mahoma es un terrorista, nosotros también lo somos...", justifica el líder de este movimiento en España Said el Hamdouni, ante las cámaras de Cuatro.
Jon Sistiaga analiza las diferentes doctrinas integristas que se están haciendo hueco en nuestro país y se pregunta sobre qué es fundamentalismo y quién es radical en un momento en el que se abusa demasiado de estos términos. En el reportaje se hace autocrítica de los medios de comunicación y del tratamiento informativo que se da, a veces demasiado generalista y banal, a las operaciones policiales contra el llamado integrismo islámico.
'Los legionarios de Alá' se acerca a estos movimientos, que con una visión rigorista del Islam y un programa de separación entre musulmanes y el resto de la sociedad, captan adeptos entre aquellos a los que más les cuesta integrarse.
Según sus dirigentes, sólo tratan de reconducir a aquellos musulmanes que han perdido la fe, pero todas estas organizaciones están en el punto de mira de las fuerzas de seguridad. Su doctrina integrista es el marco ideal para que alguien que quiere dar el salto al yihadismo, al terrorismo en nombre de una particular visión del Islam, encuentre justificaciones ideológicas. "El salafismo es la antesala del terrorismo yihadista", asegura Fernando Reinares, experto en terrorismo global del Instituto Elcano. "¡Que alguien me demuestre que estamos llamando a la Yihad. O que hemos matado a alguien!", responde Said El Hamdouni, uno de los líderes salafistas.
"¿Estoy hablando con un presunto líder terrorista o con uno de los imanes mejor preparados de este país?", le pregunta Sistiaga a Taoufik Cheddadi. El Imán de Santa Coloma de Gramanet ha sido detenido dos veces por el juez Garzón y acusado de enviar jóvenes a Irak: "Ya está bien de decir que tengo dos caras. La integradora y amable y la otra, la tenebrosa", se queja... Chedadi es uno de los ejemplos de lo difícil que es investigar las redes fundamentalistas, precisamente, por la delgada línea que separa la ideología radical del activismo radical y lo complicado que es infiltrar agentes dentro.
El caso es que la policía ha logrado documentar numerosos casos de jóvenes musulmanes que han viajado a Irak después de frecuentar mezquitas salafistas y que incluso, han utilizado sus redes sociales para poder llegar hasta ese país. Ante las cámaras de Cuatro, los salafistas españoles hablan sin reparo mostrando una medida ambivalencia ante el terrorismo yihadista. Depende de quien lo práctica y contra quien. No es lo mismo un atentado en Madrid o en Londres, que ellos rechazan, que en Bagdad o en Jerusalem, que si que aceptan. Este doble discurso alimenta una visión del mundo, y construye una escala de valores que puede confundir a muchos jóvenes manipulables, y ahí es donde radica el peligro detectado por los expertos.
Algo parecido ocurre con el movimiento Tabligh, una corriente muy conocida y respetada en el mundo musulmán, pero por la que también han pasado numerosos yihadistas, como algunos de los autores del 11-M o los pakistaníes detenidos recientemente en Barcelona que pretendían volar el metro de la ciudad. "No somos ningua tapadera del yihadismo, sino todo lo contrario. Intentamos llegar al delincuente antes que la policía", afirma Laarbi Maateis, portavoz del movimiento tabligh y lider de la Unión de Comunidades Islámicas (UCIDE) en Ceuta. Laarbi representa a un tabligh integrado y participativo, alejado de ese otro tabligh radical y segregacionista.