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Agónico encierro de los toros de Miura con 5 heridos por asta de toro

La crónica de Carlos Bernabé
Los toros de Miura, con fama de buenos para la carrera pamplonica, no han hecho honor a su nombre en el encierro de este mañana. Los astados de la ganadería sevillana han protagonizado una carrera caótica con un protagonista claro, el toro cárdeno claro de nombre Ermitaño y 575 kilos de peso, que ha corneado a un mozo en la entrada al callejón provocándole heridas de consideración en muslo y tórax.
La carrera comenzaba con la salida agrupada de los astados en la cuesta de Santo Domingo. Los toros, ninguno de ellos negro, avanzaban a un buen ritmo tomando las posiciones de cabeza 2 de los astados por la parte derecha de la calle. En este punto se ha producido uno de los heridos por asta de toro que se ha visto sorprendido por la velocidad del burel que le ha lanzado un derrote provocándole un puntazo en el brazo izquierdo.
A su paso por la Plaza del Ayuntamiento uno de los mozos que se encontraba en las primeras posiciones de carrera ha sido empujado por el burel que abría cabeza de manada pero sin caer al suelo. Trance complicado para este corredor que finalmente ha salido airoso.
El inicio de la calle Mercaderes ha transcurrido de manera limpia, a pesar de la caída de uno de los miuras. A la llegada a la curva que da inicio a la calle Estafeta, uno de los astados se ha desplazado hasta el lado izquierdo de la calle golpeando brutalmente a un mozo que se encontraba en ese punto para comenzar su carrera. El corredor ha sido prendido por el pitón del miura a la altura del cuello y lanzado, como consecuencia del impacto, al grupo de manada que ha pateado al corredor. Las asistencias de Cruz Roja han trasladado al herido hasta un centro hospitalario para operarlo de una herida por asta de toro en el cuello.
A diferencia de días anteriores los astados han chocado violentamente con el vallado ciego de la curva de Mercaderes, uno de los cuales -Ermitaño- en su intento de evitar la colisión ha desplazado con su pitón izquierdo a uno de los pastores que se encontraba apostado en la parte superior del vallado para comenzar su labor en la carrera. Como consecuencia del impacto el pastor ha caído al interior del vallado en una espectacular imagen.
Con la colisión llegó el desconcierto y el caos a la carrera. Ermitaño, que había caído y recibido el pisotón de uno de sus hermanos de camada volvió sobre sus pasos con intención de embestir a los mozos que tenía a sus espaldas. Momentos de confusión y riesgo se vivieron en este punto y que pudieron ocasionar escenas de peligro si no es por la perfecta conducción de uno de los corredores que provocó la arrancada del animal en sentido correcto.
A lo largo de la concurrida calle Estafeta los toros galoparon a un ritmo elevado, trompicando en los primeros metros a algunos corredores, y se fueron reagrupando con los cabestros a la mitad de la misma. Carreras preciosas y ajustadas en este tramo que se encontraba abarrotado de corredores. Por detrás de sus hermanos quedaba Ermitaño, el toro de Miura que sembraría el pánico en la parte final del recorrido. Durante buena parte de la calle Ermitaño se comportó de manera correcta pero ya en la parte final de Estafeta comenzó a derrotar y volverse. Casi en la entrada a Telefónica y a la altura de Espoz y Mina el toro tras arrancarse con fuerza sobre los corredores se paró y corneó a uno de ellos que se encontraba en el suelo acurrucado e inmóvil. A pesar de intentar protegerse, Ermitaño hirió al joven tras el empeño de otros mozos que intentaron "colear" (agarrar del rabo al animal) para evitar el percance. Desde este punto la carrerá se enloqueció con Ermitaño como principal protagonista. El burel lanzaba derrotes a ambos lados de la calle y se volvía continuamente. En la bajada al callejón el toro arrancó con firmeza tras los corredores y uno de ellos fue alcanzado en el muslo izquierdo y lanzado contra el suelo. Ermitaño se enceló con el mozo corneándolo gravemente contra la pared derecha del túnel. Momentos de angustia y pánico para corredores y espectadores cuando el mozo era prendido del asta derecha por el tórax. El corredor cayó al suelo y el toro pareció desentenderse del mozo, pero imprevisiblemente volvió hacia él y le zarandeó nuevamente trasladándolo de un lado a otro de la calle pese a la insistencia de corredores que arriesgaron su físico para salvar al mozo. Segundos interminables que se saldaron con varias heridas por asta, una de ellas grave al introducir el pitón en la cavidad torácica y de la que sangraba abundantemente.
A punta de periódico y con mucha exposición los mozos consiguieron introducir al astado hasta las dependencias de la plaza de toros.
Encierro peligrosísimo de los astados de Miura que rompieron las previsiones sobre su comportamiento en la carrera pamplonica.