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"¡Papa, ahora sí que siento el poder de un arma!"

La cultura de las armas en Texas, forjada al galope en la conquista del Oeste, se mantiene inmutable de generación en generación en muchas familias. Bill aprendió a disparar matando ardillas con el rifle de su padre cuando tenía 5 años, ahora enseña a sus hijos en el campo de tiro propiedad de la familia. “¡Ahora sí que siento el poder de un arma!”, grita uno de los niños después de disparar el arma más grande que un estadounidense puede tener.