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Mordido por una víbora Russell

Durante la noche, Fran Cuesta consigue extraer y anular el veneno que podría haberle matado.

Frank se encuentra a una víbora Russell, la más temible de su especie. Un descuido llama a la fatalidad. La serpiente ha mordido en el tobillo a Frank. Las venas se le empiezan a hinchar. El leonés, tiembla y tirita, incapaz de explicar lo que le ha ocurrido ante el estupor del director, Nacho Medina,  y Santiago Trancho, el  operador de cámara. Frank saca su cuchillo de la funda y se corta la herida unos centímetros más arriba. “Es para que fluya la sangre e impedir que el veneno circule hacia arriba”, explica Frank mientras se empieza a coser la pierna.