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Felipe y Noelia, ganadores de Expedición Imposible

Llegó la gran final de Expedición Imposible con el equipo rojo y el morado como merecedores finalistas. Ya en la civilización, Marrakech y su medina albergarían una final apasionante. La deportividad se hizo palpable desde la noche anterior con una cena de confraternización entre los finalistas. Las parejas repasaron los mejores instantes de la carrera y los momentos más duros. Pero por delante les quedaba lo más difícil: La Gran Final.

Raquel Sánchez Silva quiso cantar el “cumpleaños feliz” a Felipe, que casualidades de la vida, cumplía 34 años el mismo día de la final. Lo que entonces no sabía, es que lo iba a celebrar a lo grande y con el mejor de los regalos. Pasadas las formalidades, arrancó la final con un primer objetivo, encontrar la única puerta de acceso abierta, al que sería escenario de la final: la medina de Marrakech. El objetivo final de la etapa sería conseguir las 3 piezas exactas que completarían el puzle con el logo del programa. Conseguirlo no iba a ser nada fácil.

Desde el punto de partida, las parejas tendrían que ingeniárselas para alcanzar y encontrar la única puerta entre las 19 existentes en la monumental y laberíntica Medina. Felipe y Noelia consiguieron rápidamente una pickup que les llevó hasta la mismísima puerta que buscaban. Mientras que Cristina y Alejandro, tardaron un poco más en conseguir trasporte, y que el conductor diera con la puerta en cuestión.
Ya en la medina, cada pareja debía localizar el punto donde encontrarían un mapa fundamental para localizar la primera de las piezas del puzle.  Debían llegar a un horno donde, entre 45 panes, tenían que encontrar el que poseía el mapa en su reverso. Aunque Felipe y Noelia llegaron primero, tuvieron que sacar prácticamente todos los panes para encontrar el deseado y memorizar un enigmático mapa que luego sería vital. Cristina y Alejandro, encontraron el pan a la segunda, y la carrera comenzaba  a igualarse.
Con el mapa en su cerebro, las parejas partían a toda prisa a localizar en el laberinto de la medina, el zoco de curtidores. Sin señales que lo indicen, con calles y recovecos confusos, y con la única “ayuda” (por si se puede decir de esa manera) de los ciudadanos de Marrakech, la tarea de localizar cada objetivo en la Medina iba a ser “misión casi imposible”.
Felipe y Noelia se hicieron un lío con el mapa y al final optaron por seguir a los rojos en cuanto les adelantaron. Simplemente con la aproximación al zoco de curtidores, el olor se hacía insoportable. Una vez dentro del zoco, haciendo uso de su memoria e intuición debían localizar el pozo exacto en el que encontrarían la primera pieza del puzle. Equivocarse de pozo supondría encontrar una pieza errónea. Felipe y Noelia encontraron la primera, y en esta ocasión fueron los toreros los que decidieron copiarles y recoger del mismo pozo. La carrera estaba igualadísima con apenas unos minutos de diferencia.
Superado el maloliente zoco de curtidores, debía conducir por la complicada red de callejuelas de la medina unos carros con lana hasta el siguiente punto de control. En él, las parejas tendrían que funcionar separadas. Noelia y Alejandro se quedaron localizando una fotografía entre los ovillos de lana que después tendrían que describir por walkie-talkie  a Felipe y Cristina, que  partían mientras tanto al punto donde se encontraba la siguiente pieza del puzle.
Muchos rostros similares, pero sólo si interpretaban correctamente la descripción de sus compañeros, localizarían al portador correcto. En esta ocasión, tanto Cristina como Felipe seleccionaron la pieza incorrecta sin saber qué consecuencias tendría al final de la etapa. Pero el caso es que ambas parejas continuaban empatadas.
Una vez reunificadas las parejas, debían localizar la Madrasa, una antigua escuela coránica con más de 13 habitaciones en las que debían localizar un papel sobre el que calcar un bajo relieve que más tarde sería clave para conseguir la tercera y última pieza del puzle.
Con el papel calcado las parejas se dirigieron a una plaza en la que “un traga fuegos” reduciría a cenizas para comprobar que habían memorizado el bajo relieve. Pues después uno (y sólo uno) de los muchos vendedores de naranjas de la plaza central de la medina, les daría a cada pareja la última pieza correcta del puzle. Felipe y Noelia optaron por la rapidez, pero cogieron una pieza incorrecta. Por el contrario, Alejandro y Cristina optaron por tomarse más tiempo para decantarse por uno u otro frutero, y lograron conseguir la pieza correcta. La carrera se desempataba. Felipe y Noelia, tenían ventaja de tiempo y dos piezas erróneas, y los toreros iban retrasados, pero con dos piezas correctas. La carrera se ponía al rojo vivo.
Con un GPS en su poder, una calesa trasladaría a cada pareja al punto donde deberían buscar el siguiente y definitivo objetivo: el palacio donde se encontraba la meta. Pero el laberinto de la medina, lo iba a poner muy complicado. Noelia y Felipe encontraron antes el palacio, pero lo que no sabían era que deberían localizar en las catacumbas las dos piezas correctas que les faltaban para completar el puzle. La tensión no podía ser mayor. Los toreros llegaron al palacio cuando aún a los morados les quedaba localizar la última pieza del puzle. Los expedicionarios llegaron a cruzarse en el subsuelo del palacio. No nos quedaban uñas que mordernos de los nervios.
Noelia con la pierna lesionada apenas pudo realizar el que sería el último sprint de la competición. Pero Felipe le esperaba en la meta con la pieza correcta que completaría el puzle y les honraría como ganadores absolutos de Expedición Imposible. La emoción les desbordó y los rojos no pudieron hacer otra cosa que felicitarles.
Tras 12 etapas de lucha, esfuerzo, sacrificio y sufrimiento, Noelia y Felipe se llevaban el dirhan de platino, por valor de 25.000 euros.
Para el recuerdo quedará una carrera apasionante que nos ha descubierto Marruecos, y el carácter luchador de 10 parejas de intrépidos famosos que lo dieron todo para dejar claro que "lo imposible, es posible". ¡Enhorabuena a todos!