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Una cuerda rota impide coronar la cima del Jebel Rum

El equipo decide dar marcha atrás a 150 metros de la cima. Una de las cuerdas de rapel se erosiona por el contacto de la roca y corre el riesgo de romperse.

Ángel, Jesús y Pelut toman una decisión a 300 metros del suelo: la cima no puede coronarse estando una de las cuerdas de rapel a punto de quebrarse. Si se rompe en plena ascensión no tendrían forma de bajar. La roca de la pared actuó como efecto lija sobre las cuerdas, la fricción desgastaba al roce, un efecto inevitable con el que nadie contó al comenzar la escalada.
Pero el roce de las cuerdas no fue el único imprevisto. La ruta hacia la cima les llevaría 4 días de recorrido en los que tendrían que hacer noche colgados de la pared. Para ello, el quipo llevaba unos petates de 180 kilos cada uno, con material para abastecerse durante el viaje. Dormían en hamacas que tenían que montar y desmontar cada día, colocadas de manera perpendicular a la roca. Al material se suma la comida y el agua.
El transporte de los petates y el montaje del material retrasó al grupo, subir tanto peso por las dunas de la montaña les llevó más de lo previsto, no alcanzaron la altura que estimaban y esto les llevaría alargar la ruta un día más. Pero no tenían ni comida ni agua suficiente. No quedaba otra solución: había que comenzar el descenso.
Descenso en la cuerda floja
La decisión de abortar la cima no evitaba tener que rapelar con la cuerda rota. Jesús transportaba atado a su cintura un petate de 150 kilos aproximadamente,  la sensación de descender tanta altura sabiendo que todo su peso depende de una guía friccionada no se puede explicar con palabras. ‘Tengo el corazón que se me sale, esto es de infarto, nunca antes había hecho una cosa así. Esto sí que es un desafío, y como tal, no podemos pedir más’, afirma Jesús tras tocar suelo.
No hemos podido concluir este desafío, no hemos podido llegar a la cima, el desafío dio un giro inesperado. Pero lo más importante no era llegar a la cima, sino llegar vivos. ¡Desafío concluido!