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Vuelo en globo aerostático con temperaturas de -44ºC en Laponia

El expedicionario Calleja viaja a Finlandia, concretamente a la región fría e inhóspita de Laponia, con el objetivo de emprender un reto que nadie ha intentado nunca: sobrevolar en globo los 80 kilómetros del lago Inari a temperaturas muy bajas.

Jesús Calleja viaja hacia tierras laponas junto a su hermano Kike Calleja, el cámara Emilio Valdés y varios expertos en vuelo en globo, entre ellos Ángel Aguirre y Miquel Mesegué, con los que compartió aventura en el Amazonas en un apasionante ‘Desafío’ donde lograron batir el récord de vuelo en globo sobre la selva. Esta vez se embarcan en una nueva aventura en la que se enfrentan a un enemigo incontrolable: el frío extremo.
Vuelo en globo
El objetivo es volar en globo en la Europa más septentrional, en temporada invernal y tratar de hacerlo junto a las auroras boreales. “No se había intentado nunca. Nuestra idea era sobrevolar los 80 kilómetros del lago Inari, en la Laponia finlandesa”, asegura Jesús Calleja. Pero un problema con el que nadie contaba era con la ola polar que provocó temperaturas de hasta -40 grados en este país nórdico en el momento de la grabación. “El primer problema era que con temperaturas bajísimas el gas se licúa y no llega al quemador. ¡Se nos podía apagar en pleno vuelo! El segundo peligro era que las conducciones de goma y las juntas tóricas, piezas que sellan las conducciones de gas se congelan y se parten como el cristal, provocando escapes. Podría provocar un incendio a bordo”, comenta el aventurero.
Vuelo en Laponia
El lago Inari está rodeado de bosques muy tupidos, por lo que otro de los peligros a los que se enfrentan es acabar colgados de un árbol y la única opción para no terminar así la travesía es usar como pista de aterrizaje el lago, cubierto por una capa de 60 centímetros de hielo.
Llegó el momento del aterrizaje y el viento en la superficie del lago era de 50 km/h. Miquel y un piloto finés perdieron el control de su globo, chocaron contra los árboles y el fuego del quemador prendió la tela del globo. Nosotros estábamos más preocupados de su incendio que de nuestro propio aterrizaje y perdimos la referencia del suelo porque el cielo y el lago eran igual de blancos”, narra Calleja.