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'Cuarto Milenio' va tras los pasos de Drácula

Un equipo del programa se ha trasladado a Rumanía para ahondar en la misteriosa leyenda de Vlad Tepes, ‘El empalador’

‘Cuarto Milenio’ ha arrancado su octava temporada con uno de los grandes mitos de la historia profunda: la figura de Drácula. Un equipo del programa se ha trasladado a Rumanía para investigar la misteriosa leyenda de Vlad Dracul, más tarde apodado Vlad Tepes, ‘El empalador’. El temido príncipe de Valaquia fue conocido por torturar a sus súbditos hasta hacerles sangrar y poder después brindar con su sangre.

En el plató de ‘Cuarto Milenio’ encontramos una tumba abierta y vacía para introducir el misterio de una figura muy conocida y temida en la Rumanía del siglo XV: el príncipe Vlad III, al que se le conocía como el hijo del diablo.
Javier Pérez Campos, reportero del programa, se ha trasladado hasta Transilvania para seguir los pasos de esta leyenda, que comienza con la de su propio padre: un miembro de la Orden del Dragón, que luchaba contra los otomanos y los musulmanes, en cuyo cuello colgaba siempre una medalla con el dibujo de un extraño dragón. Este dibujo representaba a Dracul, que significa Satán, por lo que el padre de Vlad fue así bautizado, siendo la traducción de Drácula: ‘El hijo del demonio’.
Vlad III, más tarde conocido Vlad Tepes “El empalador”, señor feudal de los Cárpatos, fue príncipe de Valaquia, un territorio de la actual Rumanía, que aterrorizó a sus súbditos con asesinatos en masa. Se cree que liquidó a más de 100.000 personas, aproximadamente el 20% de la población, y que disfrutaba asistiendo a muertes lentas que incluían torturas, descuartizamientos y sobre todo empalamientos, de donde le viene su siniestro apodo. A través de las crónicas, 'Cuarto Milenio' ha sabido que, después de matar a sus víctimas, disfrutaba bebiéndose su sangre. Y de ahí su relación con el vampirismo.
Murió en el año 1476 en extrañas circunstancias. El programa ha llegado hasta su tumba, que fue abierta en el año 1933 por un grupo de arqueólogos y donde, sorprendentemente, no se encontraron huesos humanos, sino de caballo, posados sobre una medalla en la que había dibujado, por supuesto, un dragón.