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“Hasta que no morimos, no hacen nada. Necesitamos más protección y seguridad”

Wafa tiene 29 años y una mirada que guarda dolor y secretos. Su novio la disparó y luego se suicidó. Pero ella siguió con vida, aunque atada para siempre a una silla de ruedas. “No me dejé vencer por él, porque lo que quería él era matarme y no lo consiguió. Por eso yo salgo adelante, porque él no consiguió lo que él quería”, afirma con suma valentía.

"Él decidió su vida, pero también decidió la mía". Porque un disparo de bala le afectó a tres vértebras cervicales y paralizó el cuerpo de Wafa de cabeza para abajo. 

Lo que su agresor no consiguió es arrebatarle la ilusión por continuar viviendo y seguir haciendo cosas. Su vida cambió por completo y tuvo que empezar de cero, aprender a manejar cada rutina y cada dispositivo con la boca. Vive interna en una fundación para lesionados medulares, porque necesita ayuda para casi todas las tareas del día a día.

Su caso fue portada de varios medios hace dos años. Hoy Wafa se siente abandonada y quiere que se ponga el foco sobre las víctimas escondidas, las mujeres lesionadas de por vida. “Hasta que no nos muramos, no hacen nada. Tienen que ponernos más protección, más seguridad”, denuncia. Un apoyo para las víctimas de violencia de género que esta luchadora considera claramente insuficiente.