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El horror invade el metro de San Petersburgo

La bomba acaba de explotar y el desconcierto es total. De pronto, un  pasajero cae al andén. Ha logrado romper los cristales. Los demás luchan, desesperados, por salir.

En el interior del vagón se amontonan varios cadáveres. Y los supervivientes, como pueden, comienzan a atender a los heridos. Otros deambulan  en estado de shock por el laberinto de pasillos del metro de San Petesburgo.

Los supervivientes a este infierno bajo tierra aseguran que todo ocurrió con el metro en marcha.  El vagón atacado era el tercero del convoy que circulaba entre dos estaciones. El maquinista decidió no frenar,  no parar el tren para no complicar la situación dentro de un túnel.

Los viajeros recuerdan que un fuerte estruendo les sacudió. Luego,  llegó el intenso olor a humo. Y en seguida, la estampida y las imágenes más propias de un campo de batalla que de la estación de metro de una gran ciudad.

Detrás de tanto sufrimiento podría estar este hombre. Los medios rusos han reproducido rápidamente su imagen, extraída de las cámaras de seguridad del metro. Aseguran que dejó el artefacto explosivo en el vagón y que abandonó rápidamente el tren. En estos momentos, es el hombre más buscado de Rusia.

Pero el ataque pudo ser mayor.  Las autoridades rusas encontraron una nueva bomba en otra estación que conecta el metro de la ciudad con la red de ferrocarril. Afortunadamente,  no llegó a estallar.

Toda la red de metro de la ciudad ha sido suspendida. El presidente Putin, de visita en San Petersburgo, ha dicho que los servicios secretos rusos investigan todas las hipótesis, también la del atentado.