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El futuro para las personas invidentes: un ojo biónico con un microchip implantado en la retina

Hace 30 años los ojos de Francisco empezaron a apagarse. Un día, de camino al trabajo, sintió que algo no iba bien. “Vi el semáforo apagado, pero me acerco y lo veo encendido”, explica. Fue al médico y le dieron la peor de las noticias: si continuaba así, se quedaba ciego. El pronóstico se cumplió y la retinosis pigmentaria que sufre le dejó sin vista.

Hace seis meses, Francisco empezó a confiar en la ciencia. Él es una de las diez personas de toda Europa que participan en un ensayo clínico de un dispositivo pionero: un microchip que va implantado en la retina.

Los sensores de las gafas que Francisco debe llevar le permiten ahora advertir la presencia de obstáculos. Entrenamientos, ejercicios en su entorno… Un proceso laborioso que se va a alargar durante 2 años.

Francisco sabe que no va a recuperar su visión al completo, aunque nunca ha dejado de soñar. Su ilusión: ver con nitidez a sus nietos. Gracias a su generosidad y al estudio de su caso, la ciencia trabajará para que los anhelos de Francisco sean algún día posible.