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“El Sovaldi que cura la Hepatitis C cuesta 400 dólares, el resto es pura especulación”

‘Hepatitis C: La bolsa o la vida’ analiza el problema sanitario y la especulación de la farmacéutica con el medicamento que elimina el virus y consigue recuperar la esperanza de vida para enfermos muy graves. Un programa especial que analiza las consecuencias que tiene para miles de afectados en nuestro país la no suministración del medicamento. Samanta Villar nos muestra lo que nunca podemos ver alrededor de este virus mortal.

'Conexión Samanta' comparte unos minutos con los afectados por la Hepatitis C, que se manifestaron a las puertas de la sede de Gilead, la propietaria de la patente del Sovaldi, tratamiento que permite eliminar el virus mortal en el organismo del paciente, y que en nuestro país ha fijado el precio del tratamiento en 25.000 euros. La dirección de la farmacéutica se niega a recibir a los manifestantes, pero su lucha no cesa.
María Teresa Casas falleció cuatro días antes de Nochebuena esperando a recibir el tratamiento de Sovaldi que llegó demasiado tarde para ella, apenas tres días antes de morir. Su hija, indignada con las instituciones, ha querido mostrar a ‘Conexión Samanta’ un vídeo que grabó la sobrina de María Teresa días antes de morir, en el que explica cómo se contagió y por qué cree que no recibe tratamiento. Porque en Madrid, una vez prescrito el tratamiento por un hepatólogo, un comité de expertos debe autorizarlo. Teresa hoy se desmorona con Samanta Villar recordando el caso de su madre, pensando en la gente que está esperando el tratamiento.

Tenía 65 años y llevaba enferma más de 30. Pero el último año todo se agravó y pese a existir el Sovaldi, no se lo prescribieron hasta “muy tarde”. Por si fuera poco, el comité de expertos se estuvo debatiendo su administración, y empezó el tratamiento 2 días antes de morir. A pesar de todo, María teresa se lo tomó con una alegría que todavía hoy emociona a sus familiares.
El medicamento cuesta 400 dólares. El resto es pura especulación”, asegura Vanesa López, Directora Ejecutiva de la ONG ‘Salud por derecho’. Vanesa ha explicado con claridad en el programa cómo "todo responde a estrategias comerciales para maximizar beneficios". Además, hs aclarado que cada país marca lo que está dispuesto a pagar por el Sovaldi, por lo que convierte todo en “una subasta al mejor postor”. Mientras en España cuesta 25.000 euros, en Estados Unidos cuesta 60.000. Pero resulta curioso que el mismo tratamiento en países como Egipto o India tan sólo llega a los 600 € gracias a las amenazas de estos gobiernos a la compañía farmacéutica con fabricar genéricos como licencia obligatoria. La ONG ‘Médicos del mundo’ ya ha impugnado la patente del Sovaldi ante Europa, y su prospera su petición, los países europeos podrán fabricar el genérico del Sovaldi. Por si fuera poco, el Sovaldi debe completarse con otro fármaco, que eleva el coste total del tratamiento a unos 40.000 euros y se prolonga durante unas 12 semanas.
El creador del medicamento, Raymond Schinazi, concedió una entrevista en primicia a ‘Conexión Samanta’. El científico, que dio en 2011 con la fórmula que termina con el virus de la Hepatitis C, charló por videoconferencia con Samanta Villar. Su descubrimiento podría salvar a unos 170 millones de personas en todo el mundo, pero él también lo ve como negocio: “Mi prioridad es salvar vidas, pero si hago dinero, es bueno también”. El descubridor del Sovaldi, vendió su empresa por 11.400 millones de dólares, pero cuando le preguntamos si le parece razonable el precio del Sovaldi, el científico se desentiende: “No es mi problema. Esta medicina cura, por eso cuesta más”. Pará él no es un chantaje, sino que el problema es que “los gobiernos gastan en muchas cosas, cuando aquí sólo tienen que gastar en una sola que marca la diferencia”.
Naiara Fernández lleva casi un año esperando el fármaco que salvaría su vida. Se contagió del virus antes de nacer, le han extirpado la vesícula y ha vivido desde niña continuos ingresos hospitalarios. Para ella ha sido muy duro tener que dejar de estudiar Administracion y Finanzas por culpa de su enfermedad. Pero es que la terapia anterior al Sovaldi, el Interferón, que tiene efectos secundarios devastadores, ya le llevó a la UCI hace tres años. Y pese a que uno de los requisitos para recibir el Sovaldi es que el tratamiento con Interferon haya fracasado, ella sigue esperando. “Tengo medio hígado muerto”, asegura Naiara antes de confesar que le han prescrito el Sovaldi, pero que aún no ha comenzado a tratarse porque una comisión ha denegado su tratamiento sin alegar motivo alguno. “Cuando necesitas un medicamento, los criterios para concederlo sobrarían”, confiesa con lamento.
‘Conexión Samanta' comparte con ella las horas previas a una esperada llamada del hospital, que le confirme que comenzará a recibir tratamiento con Sovaldi. Vive con su madre, que pese a padecer Hepatitis C, Fibromialgia y Esclerosis, confiesa su desesperación por llevar un año esperando esa llamada para su hija que no acaba de llegar. Su único consuelo es protestar junto al colectivo de afectados delante de la sede de la farmacéutica que distribuye el Sovaldi. Gilead es una multinacional norteamericana que está en manos de grandes fondos de inversión, pero que muestra poca preocupación por los pacientes a los que su medicamento salvaria.
Ante la falta de comunicación, Naiara decidió llamar ella al hospital, para ver si tenían alguna novedad en su caso, pero en ese momento, por desgracia, no había novedad. Y sin respuesta, acude junto a otros afectados a la puerta de la Consejería de Sanidad en Madrid para manifestarse, donde ‘Conexión Samanta’ comprueba de primera mano el drama que supone para los pacientes y sus familias.
Mientras, un experto en economía e inversión, muestra a Samanta Villar el crecimiento de Gilead: “En apenas tres años han multiplicado sus beneficios por cinco”. Y es que han pasado de obtener 3.000 millones de dólares, a ganar 15.000, mientras su cotización en Bolsa se disparó hasta el 185% el año pasado con respecto a 2013. Su primer ‘pelotazo’ en el negocio fue el Tamiflu, que curaba la gripe aviar. Pero lo que ha supuesto el Sovaldi es asombroso y un tanto indignante.
José Luis Calleja es hepatólogo  en el Puerta de Hierro de Majadahonda, y Secretario General de la organización que les representa.
Asegura que unos 30 o 40 mil pacientes necesitan administrarse con urgencia el tratamiento, pero de momento sólo 4.500 han recibido el Sovaldi. “El Ministerio de Sanidad conocían la situación desde enero de 2014, pero no dimensionaron correctamente el problema hasta final de año”. Cree que el medicamento ha llegado tarde a España, pero también tuqe "no hay ningún estudio que demuestre que un paciente que se hubiera tratado antes con Sovaldi, no hubiera evitado la muerte”. Se resigna a pensar que “es difícil imputar la muerte porque no se hayan resuelto antes las negociaciones”. Y llega a confesar a Samanta Villar que los médicos han recibido órdenes de priorizar la asignación del tratamiento a los enfermos más graves. Hoy considera que se debe convencer a las autoridades que el Sovaldi “no es un gasto, sino una inversión”, porque la enfermedad puede acabar derivando en complicaciones más costosas como la cirrosis, el trasplantes hepáticos o cáncer. Simplemente, el trasplante de hígado cuesta entre 60.000 y 150.000 euros.
Antonio Plaza es un paciente de Hepatitis C con las horas contadas: “Tengo un pronóstico de vida de uno o dos años. La Hepatitis C lleva tanto tiempo conmigo que no me imagino vivir sin ella". Tiene 51 años y tiene la enfermedad desde los 21. Un informe le corroboró la gravedad de su estado, pero le denegó tajantemente su tratamiento con Sovaldi. “Se me está abandonando a mi suerte. Quiero pensar que la gente que lo deniega no es consciente del problema que supone y que no es tan malvada”. Se ha tratado dos veces sin éxito con Interferon y ahora pelea por conseguir el tratamiento definitivo con Sovaldi: “La salud se ha convertido en una especie de puta: sólo la tiene quien la paga”, asegura con rabia y frustración a Samanta Villar.
No sabe cómo se contagió. Su madre tiene el mismo tipo de Hepatitis, pero el virus no fue identificado hasta 1992, por lo que no se evitaba su contagio como ahora. Los hijos no conciben que habiendo un tratamiento para la cura, no se lo den a su padre, porque Antonio cumple todos los requisitos para recibir el Sovaldi, pero no se lo autorizan.
Agustín Rivero, Director General de Farmacia del Ministerio de Sanidad habló con Samanta Villar del problema que afecta a miles de españoles que padecen Hepatitis C.  El representante del Gobierno que aceptó hablar con 'Conexión Samanta' explicó el estado de las negociaciones para que el tratamiento esperanzador llegue a todos los afectados, pero comenzó asegurando que “el Sovaldi no cura la Hepatitis C, porque sólo elimina el virus". Considera que las conversaciones del gobierno con la farmacéutica van bien, pero tambien fue un tanto pesimista: “Cuando vas al laboratorio, te dicen que cada país se busque la vida”. Además, se atrevíó a afirmar que “el tratamiento llegará a los pacientes que lo necesiten" pero puntualizo que "no a los que digan las asociaciones”, puesto que no tienen el registro que maneja el Ministerio. Incluso llegó a comprometerse a atender las llamadas de los pacientes más graves que no han recibido el tratamiento, “porque llamará a las Comunidades Autónomas para ver por qué no les llega. Eso sí, cuando fue cuestionado por la 'licencia obligatoria', apeló a las patentes.
Por suerte, Naiara recibió la esperada llamada que le confirmó que recibirá el tratamiento con Sovaldi. Pero ella no va a cesar en pedir justicia para el resto de afectados. Por eso continua yendo a manifestaciones como la que tiene lugar desde hace meses en el Hospital 12 de Octubre de Madrid, donde numerosos pacientes protestan encerrados. Antonio al conocer la noticia reconoció que la sensación era agridulce, porque “la alegría y la victoria es compartida por todos los afectas, pero al mismo tiempo es triste que algunos la necesitan y no les llega”.
Para Naiara, una vez recibido el tratamiento de Sovaldi, “comienza la vida de nuevo”, pero insite en pedir a los políticos que “repartan esa felicidad a todos los enfermos”.
Ese mismo día Antonio consiguió el medicamento, pero aún quedan miles de pacientes esperando.