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Callejeros Viajeros: Amsterdam

"Haz lo que quieras, viste como quieras y di lo que quieras pero sin molestar a nadie". Ese es el lema de la capital de Holanda, Amsterdam, una de las ciudades más tolerantes del mundo
El lugar que alberga el museo Van Gogh y el impresionante mercado de las flores tiene más canales que Venecia, más bicicletas de promedio por habitante -una- que cualquier otro lugar del planeta, las mujeres más altas y, eso sí, uno de los climas más lluviosos y fríos del viejo continente. "Soy un cazurro de León", cuenta David, joven de 30 años que vive con su novio holandés de 25 en un coqueto piso de 600 euros al mes -el sueldo medio bruto de un local es 1200 euros al mes-. Cada vez que llega el forastero, le enseña su típica mascota holandesa: un conejo negro de siete kilos que asoma el hocico por la rendija. Amsterdam es una de las ciudades que más cosas tira a la basura. Pero cosas nuevas. "Mira, este sofá rojo, si te gusta, lo coges y te lo llevas a tu casa", cuenta con pasmosa tranquilidad David.
Refugio de muchos judíos perseguidos en Europa -la casa de Ana Frank es uno de los lugares más visitados de Amsterdam-, la tolerante ciudad adora a su reina Beatriz, que rige los destinos de todo el país. Los Coffee Shops son lugares donde se compra y se consumen drogas sin ningún pudor. En el barrio rojo, -"el lugar más seguro de todo Amsterdam", apostilla una mujer-, decenas de mujeres ofrecen su mercancía en los escaparates del sexo.
Los más cool de Amsterdam es pasear en un barco por los canales y saludar de bote a bote a los vecinos que, copa en mano, aprovechan el escaso buen tiempo de la ciudad. Además, cualquiera puede comprar un barco y manejarlo, no hace falta tener ningún carné de patrón. Mientras, los habitantes que tienen casa al pie del canal sacan la silla a pasear y a leer un libro mientas contemplan el espectáculo. Los hombres holandeses son hombres de verdad, cuenta una española. "Porque limpian y planchan, como debe ser", remata con una amplia sonrisa.